Este blog no estaba muerto, estaba de parranda

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Disculpen las molestias, pero he estado durante un par de meses totalmente desaparecida, entre nuestra recién estrenada familia de cuatro, cinco si contamos al pez Cleo, y los nuevos proyectos laborales de Papá Monito.

Este mes de junio, que justo hemos acabado, el blog ha cumplido su primer aniversario ,en plena sequía de historias y Monito ha cumplido dos años, inmersa en una etapa de cambios y desarrollo de su personalidad que nos ha traído locos.

Gracias a todos los que habéis leído nuestras historias durante este año y gracias también a todos esos blogueros y sobretodo blogueras que habéis compartido vuestras historias de crianza, gracias por vuestras ideas y consejos.

Hay muchos temas sobre los que tengo ganas de hablar y muchos momentos que explicar, pero ando falta de tiempo y sobrada de bebés y de calor, ¡madre mía qué calor!

Ser bimadre es tan difícil como lo cuentan pero enormemente gratificante, ahora tengo amor por todos los lados y trabajo para tres vidas. Ser madre de tres o cuatro o cinco debe ser todavía mucho mejor, pero paso de comprobarlo, me lo imagino. En dos nos hemos plantado, el siguiente plan es tener un negocio propio, una casa en el campo, un huerto y animalitos. Eso y ahorrar para la universidad de la niñas que tal como está la vida…

La nueva, Abejita, ha resultado ser un angelito, una niña de anuncio, de libro, de cuento, de ciencia ficción. Duerme casi toda la noche y por el día se cruje unas siestas de tres y cuatro horas. Apenas llora y cuando nos ve se mata de la risa. Mama poquito pero aprovechado, cinco o diez minutos, eructito y arreando y ya va por los seis kilos de peso.

De hecho, las primeras semanas alucinaba, en el grupo de lactancia le comenté a la matrona que la niña no me parecía normal, le tenía que pasar algo, se pasaba el día tranquila en su cuna mirando la vida pasar.

Su hermana, Monito, es todo lo contrario, puro nervio, se sienta por un lado de la silla y se levanta por el otro. Está en un momento de cambios, no hemos vivido episodios de celos, al contrario adora a su hermanita pequeña, pero hemos llegado y de pleno al momento rabietas.

¡Y qué rabietas! Confieso que las veces que hemos ido las tres solas al parque sin el papi, espero a última hora que se vaya todo el mundo porqué la mayoría de veces la tengo que llevar a casa a rastras y con la “nueva” en el portabebés.

Tengo la teoría de que Abejita se sabe hermana pequeña desde el principio, ella llora un poquito y si ve que su mami y su papi andan muy ocupados persiguiendo por casa a su hermana mayor, gritando histéricos, al borde del colapso nervioso, pues ella tranquilamente se vuelve a dormir o se queda tranquilita esperando que pase la tempestad.

Y es que además de rabietas que se pueden considerar más o menos normales para su edad, Monito lleva fatal que su padre haya vuelto al trabajo después de estar tres meses con nosotras en casa. Es verlo salir por la puerta y ponerse a llorar desconsolada. Mi niña, que nunca había extrañado a nadie y se quedaba contenta con todo el mundo, pues lo está pasando fatal.

¿Sabíais que una niña puede llorar durante más de tres horas seguidas repitiendo papi, papi, dormirse una hora de pleno agotamiento y al despertarse seguir dos horas más, justo donde lo había dejado? Pues si vuestra respuesta era no, ahora ya lo sabéis.

Si estamos en el parque o de compras más o menos lo va llevando, pero es entrar por la puerta de casa y empezar con la letanía del Papi, Papi. Es una nena que parece muy madura, porqué habla bastante y tiene mucho vocabulario, pero no deja de tener dos años recién cumplidos y lo que pide no es posible, ni medio lógico y habitualmente es incompatible con las leyes más elementales de la física. Ella quiere cosas como que nos asomemos a la ventana porqué así vendrá el Papi o se pasa una mañana entera pidiéndome que abra la puerta como si yo le hubiera encerrado al otro lado o dice que ella también va a ir a trabajar.

El pobre de Papá Monito ya no puede ni ir al súper o bajar la basura sin llevarla a cuestas. No se fía, debe haber oído historias de hombres que se fueron a por tabaco…  y encontraron trabajo y ya no estaban en casa todo el día.

Que luego igual llega Papá Monito a casa y después del abrazo y el besito de rigor ya no le hace más caso, entonces ya lo que quiere es tetita ¿Os he dicho que Monito es géminis? Es un vivo sin vivir en mi constante, o quiere papi cuando no está o quiere tetita en el momento más inoportuno.

Porqué a toda esta juerga hay que sumarle una lactancia en tándem y una operación pañal. Ésta última va estupendamente, salvo en las ocasiones en las que se levanta del orinal y se pone a correr por toda la casa y a sentarse en el suelo sin limpiarse el culito. Al menos nos hemos echado unas risas al ver como se levanta y mira el orinal para ver sus pedetes o como anuncia a gritos a todo el vecindario que ha hecho un chorrito o por el contrario, bolitas.

En cuanto a la lactancia, a diferencia de la primera, con Abejita ha ido bastante bien desde el principio. La peque engorda estupendamente y la mayor le ha vuelto a pillar el gustillo y ahora mama más veces que durante el embarazo. Imagino que entre la una y la otra a mi leche lo único que le debe faltar es Cola Cao.

El post-parto, aunque no hace ni tres meses que he parido, ya me suena a historia antigua. La recuperación ha ido perfectamente, como quien dice fui del paritorio al parque a jugar con Monito. Eso, el hecho de haber establecido la lactancia sin problemas y que Papi Monito ha estado en casa hasta hace poquitos días, ha ayudado muchísimo en este nuevo comienzo como familia de cuatro, cinco contando al pescaíto Cleo.

En fin, una vez aclarado que el blog no estaba muerto, estaba de parranda, me voy despidiendo hasta otro día, espero que más bien pronto que tarde.

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