He parido una maruja

female-160791_1280Sí, señores ésta que les habla aquí, tan leída y tan moderna, ha parido una Maruja. Os cuento más, yo pretendía ser una de esas madres molonas que no distinguen entre cosas para niñas y cosas para niños, a mi me gustan mucho los tonos para vestir rosas, lo siento soy así, quemadme, borrad vuestra suscripción, igual no el rosa chicle, pero sí los rosas subidos, fucsia, corales, etc… Los uso para mi y por tanto también para vestir a mi nena, pero si en una tienda me gustaba un jersey de niño pues me lo llevaba también.

Pensaba que en casa no distinguiríamos entre juguetes para niños o juguetes para niñas, que quiere una muñeca perfecto, que quiere su primer set de bricolaje, pues perfecto también. Y entonces va la niña y me sale una mujer de su casa, como recién salida de Mad Men.

Ella entra por las mañanas por la puerta de casa de la Yaya, pilla la mopa y le da un repaso al suelo, luego cuando acaba le pasa un trapito a la mesa baja del comedor, a la alta no, no porqué sea una dejada, es que no llega. Limpia el cristal de encima, pero también los laterales, es una chica de método. Cuando acaba con la mesa le da un repasito al cristal del balcón. ¡Lo feliz que es mi niña con un trapo!

Además tiene una manía de esas de vieja del visillo que es traerte cualquier pelusa o partícula diminuta que haya por el suelo, tiene como un detector, tú pensabas que la casa estaba limpia pero no, ahí la tienes a ella con cara de asquito y los dedos pinzados diciendo: peeelushaaa.

Tras varios meses currando en casa de los abuelos sin retribución pecuniaria alguna, ahora ha conseguido un cerdito-hucha en el que le van dejando propinillas, pero vamos como siga así, la tendrán que acabar dando de alta en la seguridad social.

En verano le dió fuerte con la jardinería, estaba todo el día en el balcón con el vaporizador, dándole a los tomates o a los pimientos. Al final no nos pudimos comer ni uno, porqué misteriosamente todos acababan por el suelo, pero eso sí, las plantas limpísimas.

Actualmente le tira más la peluquería, se peina ella y sobretodo nos peina a la abuela y a mi. Nos peina con su peine y luego nos despeina con las manos mientras va diciendo guapa, guapa. Todo muy profesional, ahora lo que se llevan son los peinados despeinados, tengo una niña muy fan de Sienna Miller. Por lo menos se le ha pasado la etapa en que nos intentaba arrancar las pestañas.

¿Y presumida? ¿Se puede ser presumida con 16 meses? Pues eso parece, si la vistes y le dices que está guapa, se va al recibidor, ella sola enciende la luz y se mira al espejo con aprobación. ¡Pero si hasta lleva bolso! Lo juro, muy mono, de Frozen, se lo compramos porqué se colgaba del hombro todo lo que pillaba, te matabas de la risa viéndola toda feliz por casa con un babero colgado del brazo, toda ella muy señorona. Dentro lleva su móvil de juguete para llamar al Papi y una cabeza de ajos de peluche que se mete en la boca y finge que es un Monito al horno ( en otro post ya os hablaré de los juegos surrealistas que se inventa la Mami).

Pero su juguete favorito sigue siendo el set de tuppers del Ikea, esos que salen tan bien de precio, que meten unos dentro de otros, los de las tapas verdes, creo que este año en la carta de los Reyes Magos vamos a poner una cocinita, no parece que vaya a desarrollar interés por el bricolaje. Sí es verdad que los abuelos cuentan que en el parque le encanta jugar en la tierra con su juego de construcción.

Ya me han avisado que está afición por la limpieza suele pasarse en la adolescencia y que seguramente, cuando lleve horas intentando que ordene su habitación,  recordaré con añoranza estos tiempos en que mi beba era toda una maruja.

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El parto, mi experiencia. Parte II

mama-906889_1920En la primera parte de la historia, que podéis leer aquí, nos quedamos recién llegada al hospital y con esa matrona diciendo las palabras mágicas: acabas de romper aguas, estás dilatada de algo más de cuatro centímetros ¿Quieres que te pongan la epidural? Si tenía alguna ilusión por parir sin epidural, hacía un montón de horas que se me había pasado, tras casi dos días sin pegar ojo ni un minuto sólo pensaba en tu pincha y yo a dormir.

Como era una noche tranquilita el anestesista vino muy rápido, me puso en posición de recibir el estoque y me dijo tienes que estar muy quieta, cuidado si tienes una contracción ¡Ah, sí, las contracciones! ¿Dónde estaban mis contracciones del demonio? Pues en el rato que había estado tumbada entre la monitorización y el tacto habían decidido marcharse a otro parto. Creo que si tardé unos cuarenta minutos desde que entré en el hospital hasta que me pusieron la epidural igual tuve un par de contracciones.

Tras el pinchazo y conectarme a todos los cachivaches necesarios, se presentaron las matronas, me taparon, instalaron a Papá Monito en una butaca, pusieron luz tenue y nos dijeron, ale, a dormir, no os molesteis en avisar a la familia que esta noche no lo tienes ni de broma.  Para animar la cosa, me enchufaron oxitocina.

El tema de la oxitocina es una de las cosas que había mencionado en mi trabajado plan de parto y que ya os confirmo que después de tanto meditar, no salió de la bolsa y nadie me preguntó por él. Me agobiaba que me pusieran oxitocina sintética, pero dadas las circunstancias, con la epidural puesta y con las contracciones bastante paradas, igual sin ella hubiera acabado pariendo el famoso viernes.

Dormir, lo que se dice dormir, no dormimos nada porqué con la anestesia me dieron temblores y además una de las matronas entraba muy a menudo a controlar los goteros y pantallitas. Por lo visto era la novata del grupo ¡Un solete de muchacha!

No creo que llevara mucho más de una hora cuando volvió la comadrona más veterana, pero no menos encantadora, para hacerme otro tacto. Cuál fue su cara de sorpresa, contra todas las quinielas ya estaba dilatada completa y la nena lista para hacer su aparición en escena.  De hecho, ya pude tocarle la cabecita, parece que al final le entró la prisa.

Las comadronas tantearon cómo llegaba colocada la nena, la veterana le dio algunas explicaciones a la novata sobre cómo tenía que hacerlo y me pidieron que ensayara unos cuantos pujos. Aquí se dieron cuenta que el monitor de la nena marcaba que le bajaba el ritmo cardíaco cada vez que yo empujaba, por lo visto venía con media vuelta de cordón. Fueron a llamar a la ginecóloga y a falta de una vinieron dos. En un momento la habitación parecía el camarote de los Hermanos Marx, ya os he dicho que era una noche tranquilita, por lo que personal a mi disposición no faltó, vamos creo que era la única chica pariendo en aquel momento en toda la Maternidad de Barcelona.

Después de que la matrona informara de la situación a la ginecóloga y le asegurara que yo empujaba como una campeona decidieron que era el momento de que Monito conociera a sus papis.

Creo que hice unos cuatro o cinco pujos, no más, al siguiente la comadrona veterana me dijo que me ayudaría a empujar, Papi Monito me preguntó si quería que me ayudaran o la detenía, como veis él también tenía su propio plan de parto. Un minuto después, episiotomía y kristeller mediante, tenía a mi bebé en brazos, eran las tres y cinco de la madrugada del cuatro de junio, el mismo día que cumple años su Yaya Montse, ahora entenderéis por qué tuvo tan poca prisa al principio y tanta al final, mi niña es una pelota de nacimiento.

Papi Monito cortó el cordón umbilical, ya habíamos firmado el consentimiento para donarlo, pero lo recordamos de nuevo. Hecho esto, todavía tuve que estar cerca de dos horas más antes de poder subir a planta, por lo visto no había manera de que expulsara la placenta y un fornido muchacho tuvo que luchar un buen rato con ella, mientras sudaba a mares. Os voy a ahorrar los detalles, total yo la verdad, con epidural y mi bebé en brazos no me enteré de mucho, benditas hormonas. Allí mismo Monito se enganchó al pecho mientras abría los ojos como platos.  Papi Monito si se enteró de lo que transcurría en el otro extremo del Potro y lo pasó un poquito mal con tanta lucha pero no le gusta recordarlo demasiado.

En fin esto es todo, como última reflexión decir que soy consciente de que la maniobra de Kristeller está totalmente desaconsejada por la OMS y he oído historias de mamis que ponen los pelos de punta. No obstante, viéndome en la situación que os he explicado, no podemos quejarnos en absoluto del proceder de las matronas o las ginecólogas pero estoy dispuesta escuchar todas vuestras opiniones. ¡Que se abra el debate!



El parto, mi experiencia. Parte I.

pregnant-393364_1920Me gustaría compartir con vosotros cómo fue el parto de Monito, antes de que olvide más cosas y acabe siendo un recuerdo totalmente idealizado.

Durante mi primer embarazo leí bastantes experiencias de partos en blogs y foros. Hay chicas que prefieren ni oír hablar de partos ajenos, prefieren esperar a que llegue su momento y evitar que les recuerden que seguramente les va a doler y mucho. Entiendo perfectamente esta postura pero yo prefería conocer cuantas más experiencias mejor y que nada de lo que pudiera salir mal me sorprendiera.

Porqué sí, partos perfectos, que no digo indoloros, hay poquitos, de esos de manual de las clases de preparación al parto en plan: empecé con contracciones, primero eran más irregulares, luego cada vez más regulares y dolorosas, de repente eran cada cinco minutos, mi pariente me llevó al hospital, un tacto, venga dilata un poco más, segundo tacto, cuello borrado, cinco centímetros de dilatación, epidural, a esperar un ratete, otro tacto, empujar, empujar, empujar (bueno aquí igual te haces caca también) y un sonrosado bebé al pecho de la mami para hacer piel con piel.

Pues igual partos así encuentras poquitos o es que el destino quiere que a todas las blogueras del mundo, para que no les abandone la musa, se les complique un poco la cosa: semana cuarenta y dos y este niño que no llega, dilataciones que van al mismo ritmo que la construcción de la Sagrada Familia, atasco en el canal del parto, niños que salen en posición superman, con un brazo por delante, epidurales que llegan tarde, o sólo a una pierna, etc.

En fin, embarazadas primerizas del mundo, que complicación arriba o complicación abajo, en seis horas o en cincuenta y dos, acabaréis con vuestro bebé en brazos, más felices que perdices y muchas, hasta con ganas de repetir.

Y no penséis que porqué hubiera leído sobre las visicitudes de decenas de parturientas no tenía yo en mi cabeza diseñado mi parto perfecto, que lo tenía, y lo repasaba cada día varias veces, el tema es que al final pues la naturaleza tira como la cabra, pal monte, y la cosa pues salió como salió o como tuvo que salir.

A mi, que me dediqué durante meses a preparar mi plan de parto y que llegué incluso a plantearme pedirle un documento nuevo a la comadrona para pasarlo a limpio, me pilló la semana cuarenta  y una todavía sin parir y empecé a pensar que tanto rollo y tanta clase, tanto Papi, mira que si me vengo arriba y acabo en parto natural ¿tú me apoyas a muerte? y pensé que al final acabaría en parto provocado.

Todo empezó un viernes, porqué por algún sitio hay que empezar, ya iba entradita la semana cuarenta cuando me citaron a monitores, por lo visto ahora ya no te los hacen a partir de la semana treinta y ocho, gracias Mariano, un saludo. De todas maneras antes de esa semana, nada destacable se hubiera visto en mi caso, en todo el embarazo tuve entre cero y ninguna de las famosas contracciones de Braxton Hicks o ni me enteré.

Estuve una media hora allí conectada, tan pichi,  escuchando el corazón de mi bebé. Al acabar la matrona me dijo que había tenido un par de contracciones, una bastante chula y yo sin enterarme de nada. Me pasaron con la ginecóloga que me hizo un tacto y me dijo: encantada de conocerte, estás estupenda, nos vemos el viernes que viene, tienes el cuello intacto. Le pregunté si me lo provocarían si no lo había tenido para el viernes siguiente y me dijo que dependía de cómo estuviera el bebé, si seguía así de bien podían esperar algunos días más y me fuí del hospital con las consabidas recomendaciones de camina mucho y si encuentras un poco de espíritu, ponle ojitos a tu marido a ver si te da un poco de… ¡Prostaglandinas!

Al día siguiente comencé a expulsar el tapón mucoso, así sin prisa, durante varios días, yo que pensé que sería como mi madre, que su parto más largo duró igual seis horas, que dice que en su época no existía eso del tapón y que cuando escucha hablar de partos que duran varios días mira con cara de ¿para qué tanto?

Y por fin empieza algo de acción, pero tampoco mucha, el lunes a las cuatro de la madrugada por fin tuve mis primeras contracciones, no muy dolorosas, pero claramente contracciones y rauda y veloz, me puse a calcular el tiempo entre ellas con una aplicación que me había descargado en el móvil. Cuando Papa Monito se levantó para ir trabajar, le expliqué que por fin parecía que me iba a poner de parto, pero que se fuera a trabajar tranquilo, o nervioso, pero que se fuera porqué las tenía con frecuencia “cachondeo” unas cada ocho minutos, cada siete, cada doce, cada diez…  Y así me encontró cuando volvió para comer, después de pasarme toda la mañana paseando por casa a ver si se animaba la cosa.

Sobre las cinco de la tarde fuimos a la Maternidad a que me echaran un ojo, comenzaba la semana cuarenta y uno y después de trece horas seguía con contracciones irregulares. Me monitorizaron y me dijeron encantada de conocerte, estás muy bien, nos vemos el viernes ¿Cómo, el viernes? ¡Qué manía está gente con verme el viernes! Una cosa es que las contracciones no fueran excesivamente dolorosas y otra que me pudiera pasar así cinco días. Me dijeron que había borrado cuello pero de dilatar nada de nada, además al tumbarme para los monitores me había bajado la frecuencia entre contracciones. Bueno, nos quedó claro que la cosa iba para largo.

Al llegar a casa, mis simpáticas contracciones medianamente soportables se convirtieron en contracciones del demonio, de esas que se ensañan con tus riñones, pero con la misma frecuencia “cachondeo”. Me pasé caminando por casa y contando contracciones las siguientes veinticuatro horas, imposible pasar una contracción sentada y mucho menos estirada, así que dormir imposible. Una cada ocho minutos, cada seis, cada doce, cada diez, cada seis otra vez… Caminaba y caminaba y cuando me daba me iba a lo que denominé “el rincón de pensar”, una esquina de la encimera de la cocina donde  apoyaba la frente y a esperar a que pasara.

Por fin a las ocho de la tarde del martes conseguí contracciones cada cinco minutos, o bastante parecido al menos a cada cinco minutos, yo seguía caminando por casa como si eso fuera el camino de Santiago, haciendo pausas en mi “rincón de pensar”. A las once y media de la noche llegamos a la Maternidad, yo sólo repetía: que no me vuelvan a decir que venga el viernes, que no me vuelvan a decir lo del viernes y es que las muy malditas contracciones del demonio se me habían vuelto a parar en los diez malditos minutos que pasamos en el taxi.

Nos atendieron bastante rápido, era una noche tranquilita, me pusieron en monitores, ni rastro de mis malditas contracciones, me hace un tacto, rompo aguas allí mismo y pronuncia la frase más bonita que me han dicho en mi vida: estás de algo más de cuatro centímetros ¿Quieres la epidural?

Continuará…

Control del embarazo en el primer trimestre. Maldito seas o’Sullivan


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Ya hemos llegado a la semana 14 de embarazo y por tanto empezamos el segundo trimestre. Según esas páginas que analizan el embarazo por semanas y que les encanta comparar el tamaño del bebé con frutas, mi bebé es como un limón, espero que eso no quiera decir que esta semana vamos a empezar con la acidez.

El segundo trimestre debería ser un remanso de paz y felicidad para la futura mamá, se supone que se pasan las molestias del primer trimestre y te empieza a crecer la tripita y estás toda guapa, la gente te felicita y todavía puedes caminar y sentarte como si desfilaras por el Grand Palais. Lo de las náuseas ya he dicho que era un suponer, yo sigo igual.

A parte de las náuseas y alguna que otra  molestia, en general el primer trimestre ha ido estupendamente y el resultado es algo de tripa y un kilito de recuerdo.

La primera visita a la matrona fue justo antes de irnos de vacaciones en agosto, por suerte es la misma que me había llevado el primer embarazo, la Tina, me gusta su estilo, tú explicas tus molestias y ella te mira y asiente entre pobrecita y te vas aguantando que es lo que hay.

En esta primera visita nos hicieron la cartilla de embarazada, afortunadamente ahorramos tiempo llevando la del embarazo anterior y me programaron el resto de visitas del trimestre: control con la matrona, analítica, la ecografía de las 12 semanas y de regalo el test de O’ Sullivan en el primer trimestre. Premio a mis 35 años de dedicación a este mundo. En la siguiente visita no recordaba porqué me la había programado tan pronto ¿ Os he dicho que adoro a esta matrona?

El odiado test de O’Sullivan, para quien no lo sepa ya, es una prueba diagnóstica que sirve para detectar la diabetes gestacional  o explicado más claramente es una putada, no discuto que necesaria, por la que hacen pasar a las embarazadas, normalmente en el segundo trimestre y que consiste en convocarla tempranito y en ayunas, hacerle beber como medio litro de glucosa y abandonarla a su suerte en una sala de espera para al cabo de una hora hacerle una extracción de sangre. ¿A que suena divertido? Venga animaros, si ahora te dejan elegir entre bebida de naranja y de limón, que es como preguntarte si quieres morir de asco o de repugnancia.

Lo divertido de esta prueba, porqué nosotros siempre le encontramos un lado bueno a las cosas, es que si te la hacen en el primer trimestre, coincidiendo con los análisis del mismo, te la hacen en un CAP de Barcelona que es una fiesta. Allí derivan a embarazadas de barrios distintos y es imposible encontrar dos chicas de la misma nacionalidad, así acabamos como 15 chicas en una minisala, una parte haciendo lo que les da la  gana, otra lo que buenamente han entendido y  otra intentando parecer angelitos porqué las enfermeras llevan aquello como si de una escuela militar se tratara, al grito de ¡llegas tarde! ¡tú, menos hablar y más beberte eso! ¡ si vomitas vuelves otro día! ¿y los tubos con el pipi? ¡si te dieron tubos para el pipi!

Los resultados de los análisis salieron perfectos, ni riesgo de diabetes, ni ninguna otra complicación, eso sí, no estoy inmunizada contra la toxoplasmosis, pero ni tengo contacto habitual con gatos ni como embutido desde los quince años así que creo que la única precaución qué tengo que tomar es lavar bien las verduras que se toman crudas. Eso y evitar que Monito me meta trozos de jamón en la boca contra mi voluntad. Tampoco me gustaba demasiado que lo hiciera antes de estar embarazada, sobretodo porqué suelen haber sido manoseados y masticados previamente.

En la semana 12 me hicieron la ecografía del primer trimestre, nos emocionamos mucho, primero por poder ver al bebé y sentir como late a toda castaña su corazoncito, la tranquilidad de saber que todo está correcto y no hay que hacer pruebas adicionales y por otro lado, al tratarse del mismo hospital donde hace poco más de un año nació nuestra nena, hemos vuelto a encontrarnos con la matrona que estuvo pendiente de mi durante el parto de Monito, ella no se acordaba de nosotros, claro, pero yo casi lloro en mitad del comentario del triple screening. Mira Papi, es la que se encargaba de los chutes de oxitocina.

También nos atendió la misma chica que lo hizo en las tres ecografías del primer embarazo, un encanto de muchacha y además dice que como opinión personal, cree que va a ser otra nena, que no lo garantiza, que no se veía ná y que luego no vayamos reclamando, pero le dió esa sensación. Y yo creo que si ella lo dice va a ser verdad, que esta tipa es una crack, sólo os digo que Papá Monito se dedicó a discutirle cuando nos dijo en la eco de las veinte semanas que Monito era una nena, porqué según él no podía saberlo tan rápido, que ni se había visto la imagen todavía en la pantalla.

En fin, si queréis podéis apostar si me toca lavar ropa o comprar ropa, total, llegados a este punto, tanto si es niña como si es niño ¡con nosotros se va a quedar! Sigue leyendo

Desahogos de Papá Mono vol III. Durmiendo con fieras.

IMG-20151013-WA0005Últimamente comparto cama con un mono. Es un monete de 10 kilos. Y se mueve muchísimo. Cuando digo muchísimo, me refiero a que usa todos los ejes conocidos y alguno inventado para rotar a lo largo y ancho de ese colchón de 1’60×2’00 metros de nombre sueco (llamémoslo “Bjorn”) en el que yo, como si no lo hubiera pagado, ocupo un “área periférica”, eufemismo de “la costurilla de la sabana” que decían en mi casa.

Mi relación con Bjorn empezó a cambiar en el momento que nos decidimos por el colecho, obviamente, y ahora, que en casa nos hemos rebotado los resfriados, el paciente cero y un servidor han sido aislados en cuarentena nocturna a fin de proteger la salud de la mami.
Eso quiere decir que todas las noches me toca asistir a un grand prix lleno de dobles tirabuzones, carpados, triples axels y otras florituras, mientras a duermevela vigilo que la Monito más olímpica del mundo no se caiga del tartán.

El proceso de acostar a Monito comienza tras la cena. Es una pequeña con una actividad desmedida por lo que no podemos dormirla recién cenada porque está a mil revoluciones. Es por eso por lo que desde bebé tenemos una rutina de “vuelta a la calma” que le y me permite relajar su estado. Todas las noches la repetimos y la prepara para el sueño.

 Es algo sencillo, sólo le damos las buenas noches a sus muñequitos en el mismo orden, pero repetido de manera mecánica la condiciona a dormirse siempre a la misma hora. Bona nit Kikoniko, bona nit Titi, bona nit floreta preferida.

Después de eso vamos a ver a mamá que la espera en la cama. Monete da los besitos de buenas noches, a papá, a mamá y a su hermanito y busca teta. De tal palo… Y a continuación un servidor levanta un muro de cojines almohadas y mantas que ni el del telón de acero oiga!!!

 Es aquí cuando empieza el Festival… Que como en todo Festival se sabe quien toca y cuanto te cuesta la entrada pero no a que hora saldrán al escenario ni cuando acabará el show…