Cómo ha cambiado mi desde que soy mami

supermami_Recojo el reto lanzado por Liela del blog desdetu.wordpress de contar qué cambios ha sufrido mi vida diaria tras la maternidad. He aprovechado también para componer una rutina diaria de antibelleza por si a alguna le apetece librarse del pariente, así que cada uno lo coja por donde más le aproveche.

Ahora que soy mami y trabajadora me levanto a las 6:30, que es más o menos la misma hora a la que me levantaba antes sólo que ahora me ducho con una coreografía similar a una peli de judo hongkonesa, pegote de champú, quiá, pegote de suavizante, quiá, chorrito de gel, quiá, ¿Dónde está mi kimono? Digo, ¿Dónde está mi toalla? Aquí se acabó el momento spa, ni exfoliantes, ni mascarillas, ni leches, hidratantes se entiende, que hay que sacar tiempo para que mi leona mame antes de salir pitando de casa. Lo máximo que hago en plan hoy me voy a cuidar como una sultana es ponerme una mascarilla marca hecha en mi casa de aceites vegetales mientras limpio el baño los domingos. Es un cocktail hidratante estupendo pero huele casi peor que la caca de Monito.

En cuanto a los cuidados faciales, contorno de ojos y crema hidratante sin mucho esmero. Sí, yo antes era de las que conocía las bondades de usar un buen tónico y sérum, pero se acabaron hace tiempo y para reponerlos tengo que desplazarme como cuatro paradas de metro, imposible ¿Metro, cochecito, centro comercial? ¡A la carta de los Reyes Magos! De todas maneras estoy convencida que con la llegada del segundo bebé mi rutina diaria facial pasará a ser lavarme los dientes y… punto.

Vestirme me lleva un minuto, me pongo lo que me cabe, intentando que combine ligeramente, al menos con el tiempo que hace en el exterior. Me quedé con unos cuatro kilos de recuerdo del embarazo, más unos cinco que había pillado un año antes al dejar de fumar, más un nuevo embarazo, vamos subiendo. Sí lo habéis adivinado, he pasado de ser un bichopalo a ser un botijo, no me compadezcáis, Papi Monito se ha vuelto un gran aficionado a la alfarería.

 
Cuando estoy vestida despierto a la fiera y a su padre, Papi Monito se encarga de vestir a la nena para que yo pueda maquillarme y salir de casa con la cara algo presentable y no como si me hubiera escapado de una de las pinturas negras de Goya. Pegote de corrector, uno muy bueno que te pone mejor cara que el cirujano de la Pataky, rabito, máscara, bbcream, colorete, peinado de cejas y como si hubiera dormido 8 horas sobre sábanas de algodón egipcio. ¿A que suena genial? Pues sonaba mejor cuando llevaba las cejas depiladas, pero tengo las pinzas en busca y captura. 

Para ser del todo sincera, hace unas semanas que ya nada de rabito, desde que estoy de nuevo embarazada me resulta imposible someter mi pulso, acercarme al espejo y delinearme el ojo sin que me venga una náusea. Así que ya puestos, si no hay rabito, no hay bbcream que ando sensible a los olores.

Y algunas de vosotras diréis pero ¿esta petarda de qué se queja, si hasta se maquilla y todo? Calma bitches que este es mi drama, no el vuestro, que yo era una de esas tipas sin hijos pero con su cajoncito de maquillaje bien surtido, de las que utilizan tres tonos de sombra en un sólo párpado y no como ahora que cambio de tono de colorete cada seis meses por no perder el tiempo de trastear por el cajón de la cómoda.

Por último toca la sesión matutina de peluquería antes de empezar con la sesión de lactancia. Esta acaba rápido porqué es imposible que salga nada decente, entre que la matrona me tiene castigada sin teñirme durante el primer trimestre y que tengo todavía esos pelitos nuevos que te salen en el flequillo al poco de parir y que crecen a la misma velocidad que se construye la Sagrada Familia, el máximo esfuerzo que hago por mis rizos es poner un poco de fijador y lamentarme. Al tener el pelo rizado cuando se seca, el dichoso flequillito queda como si llevara una visera de pelusa.

Una vez emperifollada observo el resultado ¿En el espejo? ¡Qué va! Le pregunto a Papi Monito si voy demasiado mamarracha y el puntúa del uno al diez y entonces ya me puedo sentar tranquila a dar tetita y apurar el tiempo a tope antes de irme a trabajar. El trabajo no ha cambiado mucho, sólo que ahora trabajo con más sueño y si estoy preñada, con más sueño, más hambre, más pipi y menos café.

Cuando regreso a casa, como y doy de merendar a Monito y pensaréis que es entonces cuando hago las tareas de mi casa. Pues en general me dedico a que Monito no se escalabre mientras pongo una lavadora que recogeré cinco días después o intento poner algo de orden, entre semana soy más de observar el desastre y constatar que el domingo me voy a tener que pegar una paliza limpiando.

Con suerte Monito no se escalabra, cena y se duerme prontito. Suele quedarse dormida antes de las 21:30. Es entonces cuando aprovechamos Papi y yo para ver una serie, o no, porqué la mayoría de días nos sentamos en el sofá y cuando estamos a punto de darle al play decidimos irnos a dormir, 40 minutos se nos hacen una eternidad. Pero tiene su lado bueno, ahora cuando descubrimos una serie buena, nos dura una eternidad. Todavía tnemos por estrenar la última temporada de Juego de tronos, ahora valoramos más la búsqueda del spoiler perfecto.

En fin, este es más o menos mi día a día actual, si os va la marcha os contamos nuestros fines de semana o cómo hacer todo lo que una familia normal hace en 7 días, un domingo por la mañana.

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Estamos embarazados

IMG-20150924-WA0011Sí, estamos embarazados de nuevo, de doce semanas y todo marcha estupendamente. Queríamos darle pronto un hermanito a Monito con el que pudiera jugar y dicho y hecho, ¡A la primera! Es verdad que esta vez hicimos trampas y utilizamos test de ovulación, pero no nos lo tengáis en cuenta, es que la ginecóloga me advirtió que aunque hiciera meses que había vuelto a tener la regla, como Monito todavía toma pecho, igual no estaba realmente ovulando.

El día esperado, siempre he sido de ciclos muy regulares,  salió la carita sonriente en ese test de ovulación de precio bastante indecente y justo una semana después ya tenía unas náuseas de campeonato, de esas inconfundibles. Durante el primer embarazo tuve muchísimas náuseas, pero no antes de la semana 5 o 6 que recuerde. En este empecé tan pronto a tener síntomas que la primera prueba de embarazo me salió negativa o para que nos entendamos se podía intuir que, muy levemente y si achinabas los ojos, había aparecido una línea, tal vez, a mi me lo parece ¿y a ti Papi? Yo creo que también, espera que creo que voy a vomitar. Sigue leyendo

¡Hemos vuelto!

Hemos vuelto, sí, hemos vuIMG-20150917-WA0011elto por fin y diréis ¿De vacaciones? ¡Ojalá! Hemos vuelto a la vida normal procedentes del peor resfriado que he pillado en mi vida y dónde, para no aburrirme, me llevé también a Papá Monito.

Han sido casi dos semanas de me encuentro mal, pues anda que yo y pasarnos pañuelos a dos manos. Benditos sean los abuelos que se han ocupado todos los dias de Monito para que su padre y yo, entre mocos, disputáramos entre agonizar en la cama o el sofá.

Y ¿Qué ha pasado mientras nosotros nos dábamos al tissue y al suero fisiológico? Pues nada muy relevante salvo que ha empezado la nueva temporada de Top Chef y que creo que un día que estaba despistada por la fiebre llegaron unos extraterrestres y me cambiaron a Monito por una copia 2.0. Muy conseguida, pero una copia. La he revisado y parece ser la misma niña, sus mismos ojos, su misma boca de abrelatas, su mismo carácter de chica géminis, ahora te beso, ahora te ahostio. Tiene hasta su marquita de nacimiento en el brazo y su mismo lunar encima de la ceja izquierda.

Pero a mi no me la dan con queso, mi niña, ya no es mi niña, mi niña comía como un pajarito y a la que me han dejado ahora hay que alimentarla como a los leones, en cantidad y de lejos que te muerde.

La Monito 2.0 interestelar se levanta de la siesta, me da un beso y me lleva de la manita a la cocina, me señala la nevera y grita ¡Gana! (Sí, la copia está tan conseguida que tiene hasta hambre en catalán) y cuidadito que no tenga que volver a repetírtelo. A partir de ese  momento la Yaya y yo comenzamos a movernos entre la cocina y el comedor con la maestría de  dos camareros de bodas, ahora una loncha de pavito con pantumaca, ahora una galleta, un zumito de naranja, un quesito, un Danonino, otro Danonino y para cerrar el banquete en vez del grito de ¡Vivan los novios! Se oye un ¡Teta, teta!

Con el pan le pasa como a E.T. con la cerveza, es empezar y no saber parar, la miro y espero que con el dedo tieso diga en cualquier momento: mi nevera, mi pan, mi jamoncito. No importa que ya se haya metido entre pecho y espalda para desayunar un par de tetitas y su papilla de cereales, como se te ocurra comerte un bocadillo a su lado va desesperadita cogiendo las miguitas que se te caen al plato.

¿Y qué le vamos a hacer? Nos la quedaremos, esta copia no está mal, es fácil acostumbrarse a que por fin acabe más comida en su tripa que en su pelo. Igual podemos colaborar con JJ Benítez y coescribir Caballo de Troya XXIV, un bebé extraterrestre infiltrado en una familia del barrio de Sants.

¿Qué sucede en la loca cabeza de un bebé de 15 meses?

Escribo esta breve entrada empujada por la fiebre, no me cabe duda. He llegado del trabajo muy congestionada y con dolor de cuello. Papá Monito me ha mirado desde la cama con cara de para malito yo y el bigotillo lleno de Vicks vapor up o como se escriba, que no tengo yo la cabeza para tecnicismos. 

Nos hemos metido en la cama a compartir penas y pañuelos de papel al son de estoy fatal, estoy fatal y entonces los abuelos nos han devuelto a Monito que ya venía con una megacacota de regalo y gritando teta, teta con una desesperación que si la llega a oír la liga de la leche me abre un expediente informativo.

Y ahora vamos al título de la entrada ¿Qué sucede en la loca cabeza de un bebé de 15 meses? ¿Qué oscuros pensamientos la empujan a corretear por toda la casa, pararse, mirar a sus padres convalecientes con los mocos colgando y ponerse a reír a mandíbula batiente hasta caerse al suelo? ¿Desde cuando mi bebé sabe bailar el Chandelier de Sia y por qué ha elegido este momento para hacer su exhibición?

Que no digo yo que con estas pintas no demos un poco de risa, que igual sí, pero teniendo en cuenta que ella ha sido el paciente cero de la epidemia doméstica igual podía cortarse un poco y ¿qué se yo, es mucho pedir un beso en la frente y un abrazito? En vez de eso ha decidido animarnos golpeando su casita de madera con un rastrillo, debe considerar que esta tarde están los ánimos muy decaídos en casa.