Este blog no estaba muerto, estaba de parranda

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Disculpen las molestias, pero he estado durante un par de meses totalmente desaparecida, entre nuestra recién estrenada familia de cuatro, cinco si contamos al pez Cleo, y los nuevos proyectos laborales de Papá Monito.

Este mes de junio, que justo hemos acabado, el blog ha cumplido su primer aniversario ,en plena sequía de historias y Monito ha cumplido dos años, inmersa en una etapa de cambios y desarrollo de su personalidad que nos ha traído locos.

Gracias a todos los que habéis leído nuestras historias durante este año y gracias también a todos esos blogueros y sobretodo blogueras que habéis compartido vuestras historias de crianza, gracias por vuestras ideas y consejos.

Hay muchos temas sobre los que tengo ganas de hablar y muchos momentos que explicar, pero ando falta de tiempo y sobrada de bebés y de calor, ¡madre mía qué calor!

Ser bimadre es tan difícil como lo cuentan pero enormemente gratificante, ahora tengo amor por todos los lados y trabajo para tres vidas. Ser madre de tres o cuatro o cinco debe ser todavía mucho mejor, pero paso de comprobarlo, me lo imagino. En dos nos hemos plantado, el siguiente plan es tener un negocio propio, una casa en el campo, un huerto y animalitos. Eso y ahorrar para la universidad de la niñas que tal como está la vida…

La nueva, Abejita, ha resultado ser un angelito, una niña de anuncio, de libro, de cuento, de ciencia ficción. Duerme casi toda la noche y por el día se cruje unas siestas de tres y cuatro horas. Apenas llora y cuando nos ve se mata de la risa. Mama poquito pero aprovechado, cinco o diez minutos, eructito y arreando y ya va por los seis kilos de peso.

De hecho, las primeras semanas alucinaba, en el grupo de lactancia le comenté a la matrona que la niña no me parecía normal, le tenía que pasar algo, se pasaba el día tranquila en su cuna mirando la vida pasar.

Su hermana, Monito, es todo lo contrario, puro nervio, se sienta por un lado de la silla y se levanta por el otro. Está en un momento de cambios, no hemos vivido episodios de celos, al contrario adora a su hermanita pequeña, pero hemos llegado y de pleno al momento rabietas.

¡Y qué rabietas! Confieso que las veces que hemos ido las tres solas al parque sin el papi, espero a última hora que se vaya todo el mundo porqué la mayoría de veces la tengo que llevar a casa a rastras y con la “nueva” en el portabebés.

Tengo la teoría de que Abejita se sabe hermana pequeña desde el principio, ella llora un poquito y si ve que su mami y su papi andan muy ocupados persiguiendo por casa a su hermana mayor, gritando histéricos, al borde del colapso nervioso, pues ella tranquilamente se vuelve a dormir o se queda tranquilita esperando que pase la tempestad.

Y es que además de rabietas que se pueden considerar más o menos normales para su edad, Monito lleva fatal que su padre haya vuelto al trabajo después de estar tres meses con nosotras en casa. Es verlo salir por la puerta y ponerse a llorar desconsolada. Mi niña, que nunca había extrañado a nadie y se quedaba contenta con todo el mundo, pues lo está pasando fatal.

¿Sabíais que una niña puede llorar durante más de tres horas seguidas repitiendo papi, papi, dormirse una hora de pleno agotamiento y al despertarse seguir dos horas más, justo donde lo había dejado? Pues si vuestra respuesta era no, ahora ya lo sabéis.

Si estamos en el parque o de compras más o menos lo va llevando, pero es entrar por la puerta de casa y empezar con la letanía del Papi, Papi. Es una nena que parece muy madura, porqué habla bastante y tiene mucho vocabulario, pero no deja de tener dos años recién cumplidos y lo que pide no es posible, ni medio lógico y habitualmente es incompatible con las leyes más elementales de la física. Ella quiere cosas como que nos asomemos a la ventana porqué así vendrá el Papi o se pasa una mañana entera pidiéndome que abra la puerta como si yo le hubiera encerrado al otro lado o dice que ella también va a ir a trabajar.

El pobre de Papá Monito ya no puede ni ir al súper o bajar la basura sin llevarla a cuestas. No se fía, debe haber oído historias de hombres que se fueron a por tabaco…  y encontraron trabajo y ya no estaban en casa todo el día.

Que luego igual llega Papá Monito a casa y después del abrazo y el besito de rigor ya no le hace más caso, entonces ya lo que quiere es tetita ¿Os he dicho que Monito es géminis? Es un vivo sin vivir en mi constante, o quiere papi cuando no está o quiere tetita en el momento más inoportuno.

Porqué a toda esta juerga hay que sumarle una lactancia en tándem y una operación pañal. Ésta última va estupendamente, salvo en las ocasiones en las que se levanta del orinal y se pone a correr por toda la casa y a sentarse en el suelo sin limpiarse el culito. Al menos nos hemos echado unas risas al ver como se levanta y mira el orinal para ver sus pedetes o como anuncia a gritos a todo el vecindario que ha hecho un chorrito o por el contrario, bolitas.

En cuanto a la lactancia, a diferencia de la primera, con Abejita ha ido bastante bien desde el principio. La peque engorda estupendamente y la mayor le ha vuelto a pillar el gustillo y ahora mama más veces que durante el embarazo. Imagino que entre la una y la otra a mi leche lo único que le debe faltar es Cola Cao.

El post-parto, aunque no hace ni tres meses que he parido, ya me suena a historia antigua. La recuperación ha ido perfectamente, como quien dice fui del paritorio al parque a jugar con Monito. Eso, el hecho de haber establecido la lactancia sin problemas y que Papi Monito ha estado en casa hasta hace poquitos días, ha ayudado muchísimo en este nuevo comienzo como familia de cuatro, cinco contando al pescaíto Cleo.

En fin, una vez aclarado que el blog no estaba muerto, estaba de parranda, me voy despidiendo hasta otro día, espero que más bien pronto que tarde.

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Y por fin llegó Abejita

IMAG1758Y por fin llegó Abejita. El siete de abril a las 12:05 de la mañana, con cuarenta y nueve centímetros y tres kilos trescientos cuarenta gramos, entraba en este mundo Abejita llorando a pleno pulmón mientras su madre pensaba ¿pero esta no estaba llamada a ser la tranquila de la familia?

Pues parece que lo es, desde que llegó a este mundo, toda rojita y pringosa, no ha estado despierta más que lo imprescindible y sólo ha llorado cuando ha sido estrictamente necesario. Se la ve de buen dormir y de buen comer, en lo primero ha salido claramente a su padre y en lo segundo a su madre.

Tuve un parto maravilloso, si hubiera sido más corto no me hubiera importado, pero es lo que tiene una, que es entrar por la puerta de la Maternidad y dejo las contracciones colgadas en la puerta. Le he dicho a Papá Monito que seguro que para el tercero descubro por fin lo que es tener contracciones regulares. Me ha mirado con cara de a mi no me vuelves a liar.

Nació con apetito y en el mismo paritorio se enganchó al pecho, como si viniera de pasar un largo ayuno. Bueno, yo me pasé medio parto preguntando si podía desayunar y lo primero que pedí al subir a planta fue que me trajeran la comida y si podía ser el desayuno que me había perdido.

Cuando llegó la noche Abejita ya había conseguido empacharse literalmente. Tanto pedir tetita, teniendo en cuenta que yo todavía amamanto a su hermana mayor, pues resultó ser demasiado para ella. Al día siguiente prefirió comer menos y dedicarse a su otra gran afición, planchar la oreja.

Es tan tranquilita que a veces me sorprendo mirándola como si en vez de un bebé fuera un extraterrestre, un segundo después pienso, disfruta por si no dura.

Su hermana mayor está como loca con ella, estaba tan nerviosa que la dejaron entrar un momentito al paritorio para que la conociera mientras terminaban con nosotras. Alucinó al verla y no paraba de decir que era pelona, que tenía las orejas chiquititas, los dedos pequeñitos y darle besitos en la cabecita.

Con tanto cambio la mayor, aunque está encantada con la hermanita, ha decidido empezar a portarse como un auténtico trasto. Todavía ni he podido acabar de deshacer el equipaje del hospital y miro la casa y me dan ganas de quemarla y echar a correr con una niña en cada brazo camino del hotel más cercano.

Es lo que dicen, dos niños no son el doble de trabajo, es mucho más, es levantarse a las siete de la mañana para conseguir salir a las diez con unas pintas medio pasables. A mis días les faltan horas, unas veinticuatro horas más, para poder seguir ocupándome de mi hija mayor como lo hacía antes y para ocuparme de la pequeña como en su día me ocupé de la mayor.

 

 

Aquí estamos Abejita, esperándote

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Semana 40+1 y aquí seguimos Abejita, esperándote. Y no parece que tengas prisa por aparecer. Llevo con contracciones cortas y ligeramente molestas desde hace un mes pero según la ginecóloga que me visitó hace una semana estoy verde, verde. Ni rastro de dilatación, sólo el cuello acortado, lo normal para un segundo embarazo.

Digo contracciones ligeramente molestas porque es lo que eran al principio, después de un mes, de molestas han pasado a ser un auténtico coñazo. Caminar y tener contracciones a la vez, o estirarme por fin a dormir, encontrar la posición y entonces empezar con la salva de cañones uterinos, pues agradable no es. Así que aquí estamos Abejita, esperándote.

Hoy es un día tan bueno como cualquier otro para nacer, o mejor incluso que algunos, hoy tu hermana mayor cumple veintidós meses y hasta ella ya empieza a estar nerviosa y me grita tu nombre en la tripa, como diciendo te estás pasando ya hermanita. Lo dice ella que nació en la semana 41+1.

Aunque me lo tomé con calma ya hace muchos días que fuimos a comprar tu minicuna y está preparada, esperando que vengas ya con nosotros a casa. Con sus sabanitas y mantas, tu doudou, el cojín de lactancia, el capazo para el carro, con sus fundas listas, esas que se cayeron al patio de luces y tu padre tuvo que pescar desde la casa de los vecinos.

Tienes preparados tus pañales, tu jabón y aceite para el baño, tu ropita, tus gasas y muselinas e incluso un fular elástico para que los papis te porteen cómodamente,  ahora al registro, ahora al pediatra, ahora a la seguridad social. A la mami le salen un par de nudos ya nivel pro. Pero mira, tú no apareces, sólo me pateas la tripa y las costillas y cada vez que te mueves tengo que salir corriendo al baño al grito de ¡Pipi!

Ya empiezo a estar algo nerviosa, algo malhumorada, pero eso es porque la ginecóloga el otro día me dijo que esta vez no me dejarían llegar a la semana cuarenta y uno y no me parece nada bien y más teniendo en cuenta que ni siquiera he pasado todavía por monitores.

No veo la necesidad de inducir un parto antes de la semana cuarenta y uno o incluso la cuarenta y dos simplemente porque ahora sea protocolo del hospital cuando hace veintidós meses no lo era y tu hermana pudo nacer perfecta y sana cuando llegó el momento perfecto.

Así que ahora nos vamos a dar un paseo, a ver si con el meneo te animas a salir, un paseo cortito, lo que se pueda y permita la ciática, que camino por la calle que la gente debe de pensar que voy de parto, un pinchazo aquí, un tirón allá.

Mañana monitores y otra vez ginecólogo a ve qué dicen, desde luego, voy a intentar negociarte unos días, que aunque estemos aquí esperándote Abejita, locos por verte, todavía podemos esperar hasta la 41+1 como hicimos con tu hermana.

Y por fin, la canastilla para el hospital

Sí, por fin he hecho la canastilla para el hospital. Estamos de 38+3, así que no está nada mal, jugándomela hasta el último momento.

La lista que proporciona la Maternidad de Barcelona es bastante completa, pero yo he quitado algunas cosas y añadido otras muchas que me parecen prácticas.

foto canastilla

Para la mamá he puesto un par de camisones de esos sexis, sexis, que llevan botones en la parte del pecho, de manga corta, porqué en el hospital suele hacer mucho calor. Uno es nuevo y el otro reaprovechado del parto anterior, no he podido aprovechar el resto porque el pechamen no me cabe ni de broma, es lo que tiene una, que no es muy proporcionada y he preferido darle holgura en espera de la nueva subida de la leche.

Para darle un poco de dignidad al conjunto, ya que uno de los camisones ya luce pelotillas y el otro es feo de narices, llevo una bata finita y unas zapatillas a juego. Espero poder conseguir una habitación individual pero nunca se sabe si vas a tener vecinos y si a éstos les va a venir a visitar hasta la vecina del quinto de su tía la del pueblo.

Para acabar mi equipaje llevo unas zapatillas de piscina y un par de toallas para poder utilizar la bañera o la ducha si fuera necesario durante la dilatación, un par de sujetadores de lactancia y braguitas desechables de las de malla. Utilizar mis propias braguitas dado el tamaño de las compresas postparto me parece un engorro.

No llevo ropa para la salida porqué como no sé si me voy a poner de parto esta noche o dentro de tres semanas, cuando llegue el momento, cogeré lo que tenga limpio.

Para el aseo personal llevo un neceser con cepillos de dientes plegables para el Papi y para mi, desodorante en spay para poderlo usar los dos, un peine, horquillas, gomas de pelo (eso sólo para mi, Papá Monito es calvo) y el resto, gel, pasta de dientes, cremas, todo en tamaño o sobres de muestra. Sin olvidarme de muestras de crema antiestrías, que tanto daño hace la crecida de la tripa como la bajada y ya que no llevo ninguna marca de este embarazo, no la fastidiemos en el último momento.

No tengo intención de bañar a la nena, no hasta que se le caiga el cordón, así que para ella sólo llevo un cepillo para sacudirle un poco los restos de la batalla del pelito y una lima de cristal para poder retirar las uñas que se le vayan partiendo. Además de un paquete de toallitas, los pañales ya que en este hospital no los facilitan y un cambiador de viaje. En casa no me gusta usar toallitas y menos recién nacida, soy más de agua y esponja, pero para el hospital llevaremos un paquete de unas que son bastante suaves para nuestras batallas papis versus meconio.

Para las curas del ombliguito y si al final le lavamos el culete, podemos utilizar el mismo jabón Bio que llevo para mi porqué es para bebés y es el que Monito y yo usamos cuando vamos a la piscina.

Para tener un detalle con Papá Monito y su higiene personal he puesto también una de sus camisetas y un par de calcetines, que a un parto se sabe cuando se entra pero no cuando se sale, ni cuándo va a poder ir a casa a darse una ducha.

Por último queda la ropita para la pequeña Abejita: Un pijama, cuatro bodys y cuatro conjuntos completos de jersey más pantaloncito de los que llevan los pies incorporados, un par son de punto, uno de ellos para la salida y los otros dos son de algodón. Uno de ellos es la misma primera puesta que llevó su hermanita y que está como nueva.

Los dos conjuntos de algodón van guardados cada uno en una bolsa de zip junto con un body y un pañal. Ésta es una medida “facilitemos la vida al papi“para casos de cesárea o simplemente para que encuentre las cosas fácilmente. También hay otra bolsa con un pañal y un gorrito junto a la carpeta con los papeles del embarazo y el plan de parto que es lo que te pide la matrona en la sala de parto.

Para acabar el equipaje llevo una muselina, una arrullo y un par de gasasde algodón. Que no falte un cargador de móvil y un fular elástico para volver a casa con Abejita bien pegadita al pecho de su mami.

Si se me olvida algo importante decídmelo rápido, que en cualquier momento empieza lo bueno.

 

 

 

 

Abejita, mi niña, dame algo de ventaja

hourglass-620397__180Abejita, mi niña, dale a tu madre algo de ventaja, un poco de cancha, no es que no ansíe tu llegada, es que me ha pillado el toro. En fin, que ya  estamos en la semana 37+3 y preparado lo que se dice preparado, pues poco.

El plan de parto, ahí está, lo tengo localizado. Localizado que no rellenado, justo encima de la impresora. Esta vez no lo he pillado con mucha ilusión, será porqué el del parto anterior no salió de la mochila, allí se quedó triste y abandonado, sin que ninguna matrona se acordara de pedírmelo.

Pero tranquila, que esta vez no tardaré tanto en rellenarlo, serán cinco minutos, que esta vez lo tengo mucho más claro, si mañana no encuentro los cinco minutos que necesito para rellenarlo, al menos colocaré un boli allí, encima de la impresora y diez euros para el taxi que nos llevará a buscarte a la Maternidad.

Pero tú por si acaso, dame un poco de cuartelillo, pongamos un par de semanas. Si estamos locos por conocerte, pero luego está la bolsa para el hospital. Allí está, encima del sofá-cama, vacía. Vacía, igual de vacía que está a su lado la bolsa para tu hermanita, para que pueda pasar la noche si hace falta en casa de los yayos.

Está vacía pero lo tengo casi todo, todo lavado y revisado, lo que necesito para ti y lo que necesito para mi, algo para el Papi y el regalito que te llevará tu hermanita, un osito que sé que te va a encantar. Pero tú, por si acaso, tómate algo más de tiempo, si cuando me ponga estará lista en cinco minutos. Lo que pasa es que no hay manera de encontrar cinco minutos.

Al menos espera a la semana treinta y ocho, el cochecito estaba prácticamente preparado, parecía que eso iba viento en popa, recuperamos el capazo que utilizamos con tu hermanita y también el grupo 0. Lavamos las fundas para que todo estuviera perfecto cuando llegaras. Y entonces la funda se cayó, como lo oyes, suena a excusa barata, a mi perro se ha comido mis deberes. Pero la maldita funda del capazo se cayó, recién lavada, al patio de los vecinos de abajo, que nadie sabe donde están desde hace días. Cuando aprendas a hablar pregúntale a Joaquín, es el portero, él te cuenta, que hace días que los tiene en busca y captura.

No te preocupes, que Papi tiene un plan, se ha compinchado con los vecinos de al lado para pescar la dichosa funda, con una escalera y un palo de escoba, desde el patio de los vecinos. Pronto conocerás a tu Papi, te va a encantar, no hay funda a la fuga que se le resista. Pero claro, habrá que volver a lavarla, así que como te decía, al menos hasta la treinta y ocho, por si acaso treinta y ocho más algo, tirando a treinta y nueve.

Y si tu padre te va a encantar, tu hermanita ni te cuento, ella ya dice que te quiere hasta la luna y me da besitos en la tripa. Me quiere ayudar a bañarte, no te asustes, ella salpica como nadie, pero también te enjabonará suave la barriguita. Sí, se muere de ganas de conocerte, pero espera un poco cariño mío, que tu hermanita se ha puesto malita. Le duele la tripa, tiene un poco de fiebre, tos y un colmillo asomando.

Ella necesita mucha mami, ya lo entenderás, cuando tú estés malita, cuando te salgan los dientecitos. Estamos todos locos por verte, pero espera todavía unos días. Sólo unos días, a que preparemos donde vas a dormir.

Si tener, tenemos una cuna, preciosa, con sus sábanas, sus mantas y sus chichoneras con flores y mariposas, pero es que a mi ya no me convence, una cuna enorme para una beba tan pequeña, ocupando media habitación. Total, si al final tu hermanita acabó durmiendo con nosotros y los tres tan contentos, por qué vas a ser tu distinta.

Iremos a buscar un moisés o una minicuna, para que puedas pasar tus primeros días junto a mi lado de la cama, hasta que ya empieces a dormir con nosotros. Por eso, danos unos días, que si vienes ya, no pasa nada, no vamos a ponerte en el cajón del pan, quitaremos los juguetes de la cuna grande y te acomodaremos estupendamente. Pero si no tienes mucha prisa, danos unos días.

 

 

 

 

 

 

Mi lactancia durante el embarazo

IMG_0001Hacía tiempo ya que me apetecía contar cómo nos ha ido a Monito y a mi con la lactancia durante mi embarazo, así que aprovecho que este viernes toca la clase sobre lactancia en las clases de preparación al parto para echar la vista atrás y poner sobre el papel, o en este caso sobre el pc, cómo nos hemos apañado estos últimos meses con esto de la tetita.

Los inicios de mi lactancia no fueron nada fáciles por lo que para la llegada de Abejita ya he fichado los horarios del grupo de lactancia del CAP de mi zona para empezar a acudir lo antes posible, incluso antes de que nazca, para resolver dudas, buscar consejo y por supuesto solucionar lo antes posible cualquier problemilla que surja.

Para mi, los grupos de lactancia son imprescindibles y no sólo cuando hay problemas, creo que no va mal pasarse por ellos para intercambiar opiniones con otras madres. Cuando eres madre primeriza y estás rodeada de opinólogos y pediatras de la universidad de la vida o el internet, no va nada mal charlar con otras mamis recientes que están pasando por las mismas situaciones que tú. En un grupo de lactancia descubrí yo, por ejemplo, que dijera lo que dijera la enfermera del pediatra, no es para nada raro, ni poco frecuente, que Monito hiciera tomas nocturnas de hasta más de una hora, que lo de en veinte minutos ya debería haber vaciado todo un pecho pues algún bebé lo hará, pero en general los recién nacidos, no son mucho de controlar el reloj cuando están agustito en la teta de su madre.

Además, no nos engañemos, allí sí que te enteras de las últimas novedades en el mundo de la puericultura y no en la feria de Ifema, discos de lactancia, compresas post parto, sujetadores, portabebés, gasas, curas para el ombliguito, masajes sacapedetes, posturas para amamantar que ni el mismo Kamasutra, sacaleches, cojines de lactancia, libros… en fin, verdadera sabiduría y encima ¡gratis!

Pero al grano, que luego no acabamos nunca. Debí quedarme embarazada por segunda vez a la vez que Monito cumplía trece meses y justo cuando decidimos pasar de darle exclusivamente leche materna para introducir algunas tomas de leche de fórmula. Soy consciente que no se pueden comparar las ventajas de la leche materna con las de la leche de fórmula pero llegado el mes de julio, yo ya llevaba muchos meses incorporada al trabajo, llegando cansada y con cara de walking dead y enganchada al sacaleches todo los ratos libres que tenía. Además con la llegada del calor, Monito multiplicó las tomas nocturnas hasta haber noches que prácticamente no dejaba de mamar.

Así empezamos a darle un bibe a media noche y otro con los cereales a media mañana en casa de los abuelos que hasta entonces se había tomado con la leche que yo me sacaba el día anterior. Monito aceptó el cambio tan feliz y seguimos con el resto de tomas a demanda, unos días más y otros menos.

Antes de quedarme embarazada, pasé mi correspondiente revisión y comenté con la ginecóloga que mi intención era seguir dando el pecho a mi nena mayor. Me dijo que para nada era incompatible con un nuevo embarazo. Conozco casos de gente a los que el ginecólogo les ha sugerido interrumpir la lactancia antes de volver a quedarse embarazadas, por suerte no me he encontrado con ningún profesional de esa opinión en todo el embarazo. Lo único que nos dijo la ginecóloga es que podía costarme más quedarme embarazada esta vez. Por lo visto, al estar dando pecho, podía ocurrir que tuviera ciclos aparentemente normales pero que realmente no estuviera ovulando. Y no era mi caso, esta vez, diana a la primera.

Leyendo sobre lactancia durante el embarazo, descubrí que un alto porcentaje de niños se desteta espontáneamente a lo largo del embarazo de la madre y que algunos incluso se reenganchan posteriormente cuando empieza a mamar el hermanito. Monito ha ido disminuyendo las tomas poco a poco, pero no ha llegado a destetarse. No sé hasta qué punto se debe al nuevo embarazo o al haber introducido leche de fórmula, o simplemente al hecho de que le encanta comer masticando a dos carrillos, ella después de las comidas, hace tiempo que prefiere un poco de quesito o de pavo, o pan o una galleta, o cualquier cosa que estemos comiendo los demás, antes que pedir tetita.

Las primeras semanas de embarazo parece que ni ella ni yo notamos ningún cambio, luego, hacia el tercer mes más o menos me empezó a molestar el enganche. Y cuando digo molestar, me refiero a ver las estrellas, los planetas y los satélites. El pecho de una embarazada tiende a estar más sensible, sobretodo la zona del pezón por lo que un bebé mamando, al que le salen dientes y que empieza a hacer valer sus derechos a base de mordiscos pues no siempre es agradable. Pero es tan sólo mi experiencia y entiendo que no tiene que pasarle a todo el mundo.

Otro cambio sustancial que se produjo hacia mi sexto mes de embarazo es que Monito decidió que ya sólo quería mamar de mi pecho izquierdo. Un día de repente empezó a poner cara de culillo al enganchar el derecho. Ella como explicación únicamente decía grande, grande. Pero creo que realmente puede deberse a que está más cómoda mamando en el lado izquierdo ya que es la posición en la que duerme normalmente.

Así que desde hace ya bastantes semanas tengo un único pecho operativo y del otro, el famoso grande, grande, en alguna ocasión he visto aparecer calostro, preparándose ya para el nuevo bebé que va a llegar en breve.

Monito cambió hace meses la leche de fórmula por la leche envasada, que le gusta todavía más. De hecho, los primeros biberones se los tomó diciendo qué bueno, que bueno. No tengo ni idea de qué cantidad de leche debe sacar del pecho, sospecho que prácticamente nada.

La toma de buenas noches no la perdona ningún día, también suele hacer una a media noche y la toma de buenos días. Ahora siempre cuando acaba de tomar pecho, pide automáticamente un bibe y se casca entre 240 y 270 ml de leche y se queda más ancha que larga. Luego algunos días vuelve a pedir tetita. Ahí es cuando suelo decirle que no me vacile y ella muy obediente, se duerme.

No veo ninguna necesidad de negarle el pecho aunque tenga molestias o sospeche que no toma mucha leche en las tomas que hace, ella está feliz con su ratito de tetita y yo disfruto de nuestro momento de mimos. Además, debido a mis problemas al inicio de la lactancia, para mi era importante, tanto física como emocionalmente no interrumpir la lactancia antes de que llegara Abejita y no tener que empezar otra vez de cero.

Ya os contaré qué consejos me da la matrona del grupo de lactancia para mi futura lactancia en tándem. Los vuestros, por supuesto, también son bienvenidos.

Gymcana en la Maternitat: visita para historial, ecografía, vacuna y de paso, un ratito en urgencias.

foto enfermeraEste lunes por la mañana la familia Monete al completo pasó una mañana muy completita en la Maternitat. Recién inaugurada la semana treinta y tres, tenía programada la visita para crear el historial y la ecografía del tercer trimestre.

A las diez de la mañana nos presentamos allí los tres, o mejor dicho los cuatro, con los ojitos llenos de sueño y la carpeta del embarazo. Tuvimos que llevar a Monito con nosotros porqué los abuelos se encontraban viviendo la vida loca en Mallorca con el Imserso, o al menos eso dicen ellos, porqué pruebas de su estancia no hay ninguna, que dicen que se les ha borrado la tarjeta de memoria de la cámara y sólo conservan un par de fotos hechas con el móvil de las vistas al descampado de detrás del hotel…

Pero bueno, ateniéndonos a la versión oficial facilitada por la Casa de los Yayos, éstos estaban en Mallorca y tuvimos que ir al hospital la familia al completo. Monito, para demostrar que vale la pena llevarla a cualquier sarao, se dedicó a amenizarnos la espera tirándose por el suelo a la voz de estoy borracha, estoy borracha, mientras su padre y yo la mirábamos con cara de póker preguntándonos de dónde le habría venido la inspiración para semejante performance.

Al fin, nos llamaron las matronas para confeccionar el historial de cara al parto y Monito pasó a portarse como un angelito, pese al sueño que arrastraba, que ella su siesta de las diez de la mañana no la perdona ningún día y dejó de insinuar que le poníamos espirituosos en el bibe.

Revisaron los datos de la cartilla de embarazada, los análisis y las ecografías y me hicieron las típicas preguntas sobre alergias y antecedentes de enfermedades en la familia. Me pesaron, mi parte favorita, ya llevo diez quilitos pa mi body y me miraron la tripa. Para mi tranquilidad me dijeron que parecía que la nena ya estaba colocadita y no de culete como aparecía en la eco anterior.

Les comenté que desde hacía casi una semana estaba teniendo bastantes contracciones, aunque no dolorosas, o al menos más de las que creo que son normales. Les dije que el sábado se me habían ido descontrolando a lo largo del día y a última hora de la tarde era un no parar. Me preguntaron varias veces cómo que no había ido al hospital y les dije que la verdad, porqué finalmente con un bañito se me habían acabado pasando. Teniendo visita el lunes, no siendo contracciones de parto y con una niña de veinte meses recién acostada, pues en casa nos quedamos.

Y aquí empezó nuestra gymcana, me dijeron que aunque la eco la tuviera programada para las doce pasara ya directamente por allí y al acabarla una enfermera me pondría la vacuna del tétanos, difteria y tosferina. Antes tenía que pasar por el mostrador para que me dieran los volantes, el listado con la canastilla y me apuntaran a los cursos de preparación al parto que ofrecen. Me dijo que además, antes de marcharnos y aunque ese día ya no tuviera contracciones, me pasara por urgencias a que me echaran un vistazo.

Me he apuntado a tres cursos que son los que más me interesan: sofrología, que para quién no lo sepa es una técnica de relajación que recomiendan utilizar durante el parto, esferodinámica o cómo te puedes ayudar durante el trabajo de parto de una pelota y por último al de parto natural. También ofrecen una visita a las instalaciones y un curso de parto en el agua pero ésto último no lo veo ¡El agua para los peces!

Nuestra ecógrafa favorita, nuestra sexadora particular de bebés, se portó estupendamente como siempre y dejó estar a Monito durante toda la ecografía y ésta en agradecimiento se quedó calladita en su carrito, pese a que a veces nos miraba con cara de lleváis semanas contándome el rollo de que voy a ver a mi hermanita y en esa tele no se ve nada de nada ¿Esta tipa ha resintonizado su aparato?

La ecografía fue bien, todo correcto y pese a las contracciones, la bolsa estaba perfecta. Mi nena ya pesa 2,046Kg, ni mucho, ni poco, pero vamos que luego esto del peso ya depende de si le da por nacer en la semana treinta y ocho o en la cuarenta y dos. Nos confirmaron que definitivamente nuestra futura Abejita, ha dejado de estar sentada cual buda y ya se ha colocado lista y preparada para llegar a este mundo con la cabeza por delante para regocijo de la pelvis de su madre.

Ecografiada y vacunada nos fuimos a urgencias dónde comentamos el tema de las contracciones e insistieron en monitorizarme pese a que les dije que esa mañana sólo había tenido un par y hacía mucho rato. Como era de esperar no marqué ni una contracción, pero después del sábado tan movidito que había tenido me hicieron otra eco, esta vez transvaginal, para confirmar que el cuello del útero está como tiene que estar en la semana treinta y tres.

Y aquí acaba nuestra gymcana particular en la Maternitat, una vez salimos me fui a comprar un nada sexy camisón para la bolsa del hospital. El hecho de haber tenido contracciones me ha servido para darme cuenta que me he plantado en la semana treinta y tres sin haber preparado nada para mi pequeña abejita, casi todo lo vamos a aprovechar de su hermana pero ya es hora de empezar a lavar y preparar sus cositas