Aquí estamos Abejita, esperándote

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Semana 40+1 y aquí seguimos Abejita, esperándote. Y no parece que tengas prisa por aparecer. Llevo con contracciones cortas y ligeramente molestas desde hace un mes pero según la ginecóloga que me visitó hace una semana estoy verde, verde. Ni rastro de dilatación, sólo el cuello acortado, lo normal para un segundo embarazo.

Digo contracciones ligeramente molestas porque es lo que eran al principio, después de un mes, de molestas han pasado a ser un auténtico coñazo. Caminar y tener contracciones a la vez, o estirarme por fin a dormir, encontrar la posición y entonces empezar con la salva de cañones uterinos, pues agradable no es. Así que aquí estamos Abejita, esperándote.

Hoy es un día tan bueno como cualquier otro para nacer, o mejor incluso que algunos, hoy tu hermana mayor cumple veintidós meses y hasta ella ya empieza a estar nerviosa y me grita tu nombre en la tripa, como diciendo te estás pasando ya hermanita. Lo dice ella que nació en la semana 41+1.

Aunque me lo tomé con calma ya hace muchos días que fuimos a comprar tu minicuna y está preparada, esperando que vengas ya con nosotros a casa. Con sus sabanitas y mantas, tu doudou, el cojín de lactancia, el capazo para el carro, con sus fundas listas, esas que se cayeron al patio de luces y tu padre tuvo que pescar desde la casa de los vecinos.

Tienes preparados tus pañales, tu jabón y aceite para el baño, tu ropita, tus gasas y muselinas e incluso un fular elástico para que los papis te porteen cómodamente,  ahora al registro, ahora al pediatra, ahora a la seguridad social. A la mami le salen un par de nudos ya nivel pro. Pero mira, tú no apareces, sólo me pateas la tripa y las costillas y cada vez que te mueves tengo que salir corriendo al baño al grito de ¡Pipi!

Ya empiezo a estar algo nerviosa, algo malhumorada, pero eso es porque la ginecóloga el otro día me dijo que esta vez no me dejarían llegar a la semana cuarenta y uno y no me parece nada bien y más teniendo en cuenta que ni siquiera he pasado todavía por monitores.

No veo la necesidad de inducir un parto antes de la semana cuarenta y uno o incluso la cuarenta y dos simplemente porque ahora sea protocolo del hospital cuando hace veintidós meses no lo era y tu hermana pudo nacer perfecta y sana cuando llegó el momento perfecto.

Así que ahora nos vamos a dar un paseo, a ver si con el meneo te animas a salir, un paseo cortito, lo que se pueda y permita la ciática, que camino por la calle que la gente debe de pensar que voy de parto, un pinchazo aquí, un tirón allá.

Mañana monitores y otra vez ginecólogo a ve qué dicen, desde luego, voy a intentar negociarte unos días, que aunque estemos aquí esperándote Abejita, locos por verte, todavía podemos esperar hasta la 41+1 como hicimos con tu hermana.

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Y por fin, la canastilla para el hospital

Sí, por fin he hecho la canastilla para el hospital. Estamos de 38+3, así que no está nada mal, jugándomela hasta el último momento.

La lista que proporciona la Maternidad de Barcelona es bastante completa, pero yo he quitado algunas cosas y añadido otras muchas que me parecen prácticas.

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Para la mamá he puesto un par de camisones de esos sexis, sexis, que llevan botones en la parte del pecho, de manga corta, porqué en el hospital suele hacer mucho calor. Uno es nuevo y el otro reaprovechado del parto anterior, no he podido aprovechar el resto porque el pechamen no me cabe ni de broma, es lo que tiene una, que no es muy proporcionada y he preferido darle holgura en espera de la nueva subida de la leche.

Para darle un poco de dignidad al conjunto, ya que uno de los camisones ya luce pelotillas y el otro es feo de narices, llevo una bata finita y unas zapatillas a juego. Espero poder conseguir una habitación individual pero nunca se sabe si vas a tener vecinos y si a éstos les va a venir a visitar hasta la vecina del quinto de su tía la del pueblo.

Para acabar mi equipaje llevo unas zapatillas de piscina y un par de toallas para poder utilizar la bañera o la ducha si fuera necesario durante la dilatación, un par de sujetadores de lactancia y braguitas desechables de las de malla. Utilizar mis propias braguitas dado el tamaño de las compresas postparto me parece un engorro.

No llevo ropa para la salida porqué como no sé si me voy a poner de parto esta noche o dentro de tres semanas, cuando llegue el momento, cogeré lo que tenga limpio.

Para el aseo personal llevo un neceser con cepillos de dientes plegables para el Papi y para mi, desodorante en spay para poderlo usar los dos, un peine, horquillas, gomas de pelo (eso sólo para mi, Papá Monito es calvo) y el resto, gel, pasta de dientes, cremas, todo en tamaño o sobres de muestra. Sin olvidarme de muestras de crema antiestrías, que tanto daño hace la crecida de la tripa como la bajada y ya que no llevo ninguna marca de este embarazo, no la fastidiemos en el último momento.

No tengo intención de bañar a la nena, no hasta que se le caiga el cordón, así que para ella sólo llevo un cepillo para sacudirle un poco los restos de la batalla del pelito y una lima de cristal para poder retirar las uñas que se le vayan partiendo. Además de un paquete de toallitas, los pañales ya que en este hospital no los facilitan y un cambiador de viaje. En casa no me gusta usar toallitas y menos recién nacida, soy más de agua y esponja, pero para el hospital llevaremos un paquete de unas que son bastante suaves para nuestras batallas papis versus meconio.

Para las curas del ombliguito y si al final le lavamos el culete, podemos utilizar el mismo jabón Bio que llevo para mi porqué es para bebés y es el que Monito y yo usamos cuando vamos a la piscina.

Para tener un detalle con Papá Monito y su higiene personal he puesto también una de sus camisetas y un par de calcetines, que a un parto se sabe cuando se entra pero no cuando se sale, ni cuándo va a poder ir a casa a darse una ducha.

Por último queda la ropita para la pequeña Abejita: Un pijama, cuatro bodys y cuatro conjuntos completos de jersey más pantaloncito de los que llevan los pies incorporados, un par son de punto, uno de ellos para la salida y los otros dos son de algodón. Uno de ellos es la misma primera puesta que llevó su hermanita y que está como nueva.

Los dos conjuntos de algodón van guardados cada uno en una bolsa de zip junto con un body y un pañal. Ésta es una medida “facilitemos la vida al papi“para casos de cesárea o simplemente para que encuentre las cosas fácilmente. También hay otra bolsa con un pañal y un gorrito junto a la carpeta con los papeles del embarazo y el plan de parto que es lo que te pide la matrona en la sala de parto.

Para acabar el equipaje llevo una muselina, una arrullo y un par de gasasde algodón. Que no falte un cargador de móvil y un fular elástico para volver a casa con Abejita bien pegadita al pecho de su mami.

Si se me olvida algo importante decídmelo rápido, que en cualquier momento empieza lo bueno.

 

 

 

 

Mi lactancia durante el embarazo

IMG_0001Hacía tiempo ya que me apetecía contar cómo nos ha ido a Monito y a mi con la lactancia durante mi embarazo, así que aprovecho que este viernes toca la clase sobre lactancia en las clases de preparación al parto para echar la vista atrás y poner sobre el papel, o en este caso sobre el pc, cómo nos hemos apañado estos últimos meses con esto de la tetita.

Los inicios de mi lactancia no fueron nada fáciles por lo que para la llegada de Abejita ya he fichado los horarios del grupo de lactancia del CAP de mi zona para empezar a acudir lo antes posible, incluso antes de que nazca, para resolver dudas, buscar consejo y por supuesto solucionar lo antes posible cualquier problemilla que surja.

Para mi, los grupos de lactancia son imprescindibles y no sólo cuando hay problemas, creo que no va mal pasarse por ellos para intercambiar opiniones con otras madres. Cuando eres madre primeriza y estás rodeada de opinólogos y pediatras de la universidad de la vida o el internet, no va nada mal charlar con otras mamis recientes que están pasando por las mismas situaciones que tú. En un grupo de lactancia descubrí yo, por ejemplo, que dijera lo que dijera la enfermera del pediatra, no es para nada raro, ni poco frecuente, que Monito hiciera tomas nocturnas de hasta más de una hora, que lo de en veinte minutos ya debería haber vaciado todo un pecho pues algún bebé lo hará, pero en general los recién nacidos, no son mucho de controlar el reloj cuando están agustito en la teta de su madre.

Además, no nos engañemos, allí sí que te enteras de las últimas novedades en el mundo de la puericultura y no en la feria de Ifema, discos de lactancia, compresas post parto, sujetadores, portabebés, gasas, curas para el ombliguito, masajes sacapedetes, posturas para amamantar que ni el mismo Kamasutra, sacaleches, cojines de lactancia, libros… en fin, verdadera sabiduría y encima ¡gratis!

Pero al grano, que luego no acabamos nunca. Debí quedarme embarazada por segunda vez a la vez que Monito cumplía trece meses y justo cuando decidimos pasar de darle exclusivamente leche materna para introducir algunas tomas de leche de fórmula. Soy consciente que no se pueden comparar las ventajas de la leche materna con las de la leche de fórmula pero llegado el mes de julio, yo ya llevaba muchos meses incorporada al trabajo, llegando cansada y con cara de walking dead y enganchada al sacaleches todo los ratos libres que tenía. Además con la llegada del calor, Monito multiplicó las tomas nocturnas hasta haber noches que prácticamente no dejaba de mamar.

Así empezamos a darle un bibe a media noche y otro con los cereales a media mañana en casa de los abuelos que hasta entonces se había tomado con la leche que yo me sacaba el día anterior. Monito aceptó el cambio tan feliz y seguimos con el resto de tomas a demanda, unos días más y otros menos.

Antes de quedarme embarazada, pasé mi correspondiente revisión y comenté con la ginecóloga que mi intención era seguir dando el pecho a mi nena mayor. Me dijo que para nada era incompatible con un nuevo embarazo. Conozco casos de gente a los que el ginecólogo les ha sugerido interrumpir la lactancia antes de volver a quedarse embarazadas, por suerte no me he encontrado con ningún profesional de esa opinión en todo el embarazo. Lo único que nos dijo la ginecóloga es que podía costarme más quedarme embarazada esta vez. Por lo visto, al estar dando pecho, podía ocurrir que tuviera ciclos aparentemente normales pero que realmente no estuviera ovulando. Y no era mi caso, esta vez, diana a la primera.

Leyendo sobre lactancia durante el embarazo, descubrí que un alto porcentaje de niños se desteta espontáneamente a lo largo del embarazo de la madre y que algunos incluso se reenganchan posteriormente cuando empieza a mamar el hermanito. Monito ha ido disminuyendo las tomas poco a poco, pero no ha llegado a destetarse. No sé hasta qué punto se debe al nuevo embarazo o al haber introducido leche de fórmula, o simplemente al hecho de que le encanta comer masticando a dos carrillos, ella después de las comidas, hace tiempo que prefiere un poco de quesito o de pavo, o pan o una galleta, o cualquier cosa que estemos comiendo los demás, antes que pedir tetita.

Las primeras semanas de embarazo parece que ni ella ni yo notamos ningún cambio, luego, hacia el tercer mes más o menos me empezó a molestar el enganche. Y cuando digo molestar, me refiero a ver las estrellas, los planetas y los satélites. El pecho de una embarazada tiende a estar más sensible, sobretodo la zona del pezón por lo que un bebé mamando, al que le salen dientes y que empieza a hacer valer sus derechos a base de mordiscos pues no siempre es agradable. Pero es tan sólo mi experiencia y entiendo que no tiene que pasarle a todo el mundo.

Otro cambio sustancial que se produjo hacia mi sexto mes de embarazo es que Monito decidió que ya sólo quería mamar de mi pecho izquierdo. Un día de repente empezó a poner cara de culillo al enganchar el derecho. Ella como explicación únicamente decía grande, grande. Pero creo que realmente puede deberse a que está más cómoda mamando en el lado izquierdo ya que es la posición en la que duerme normalmente.

Así que desde hace ya bastantes semanas tengo un único pecho operativo y del otro, el famoso grande, grande, en alguna ocasión he visto aparecer calostro, preparándose ya para el nuevo bebé que va a llegar en breve.

Monito cambió hace meses la leche de fórmula por la leche envasada, que le gusta todavía más. De hecho, los primeros biberones se los tomó diciendo qué bueno, que bueno. No tengo ni idea de qué cantidad de leche debe sacar del pecho, sospecho que prácticamente nada.

La toma de buenas noches no la perdona ningún día, también suele hacer una a media noche y la toma de buenos días. Ahora siempre cuando acaba de tomar pecho, pide automáticamente un bibe y se casca entre 240 y 270 ml de leche y se queda más ancha que larga. Luego algunos días vuelve a pedir tetita. Ahí es cuando suelo decirle que no me vacile y ella muy obediente, se duerme.

No veo ninguna necesidad de negarle el pecho aunque tenga molestias o sospeche que no toma mucha leche en las tomas que hace, ella está feliz con su ratito de tetita y yo disfruto de nuestro momento de mimos. Además, debido a mis problemas al inicio de la lactancia, para mi era importante, tanto física como emocionalmente no interrumpir la lactancia antes de que llegara Abejita y no tener que empezar otra vez de cero.

Ya os contaré qué consejos me da la matrona del grupo de lactancia para mi futura lactancia en tándem. Los vuestros, por supuesto, también son bienvenidos.

Gymcana en la Maternitat: visita para historial, ecografía, vacuna y de paso, un ratito en urgencias.

foto enfermeraEste lunes por la mañana la familia Monete al completo pasó una mañana muy completita en la Maternitat. Recién inaugurada la semana treinta y tres, tenía programada la visita para crear el historial y la ecografía del tercer trimestre.

A las diez de la mañana nos presentamos allí los tres, o mejor dicho los cuatro, con los ojitos llenos de sueño y la carpeta del embarazo. Tuvimos que llevar a Monito con nosotros porqué los abuelos se encontraban viviendo la vida loca en Mallorca con el Imserso, o al menos eso dicen ellos, porqué pruebas de su estancia no hay ninguna, que dicen que se les ha borrado la tarjeta de memoria de la cámara y sólo conservan un par de fotos hechas con el móvil de las vistas al descampado de detrás del hotel…

Pero bueno, ateniéndonos a la versión oficial facilitada por la Casa de los Yayos, éstos estaban en Mallorca y tuvimos que ir al hospital la familia al completo. Monito, para demostrar que vale la pena llevarla a cualquier sarao, se dedicó a amenizarnos la espera tirándose por el suelo a la voz de estoy borracha, estoy borracha, mientras su padre y yo la mirábamos con cara de póker preguntándonos de dónde le habría venido la inspiración para semejante performance.

Al fin, nos llamaron las matronas para confeccionar el historial de cara al parto y Monito pasó a portarse como un angelito, pese al sueño que arrastraba, que ella su siesta de las diez de la mañana no la perdona ningún día y dejó de insinuar que le poníamos espirituosos en el bibe.

Revisaron los datos de la cartilla de embarazada, los análisis y las ecografías y me hicieron las típicas preguntas sobre alergias y antecedentes de enfermedades en la familia. Me pesaron, mi parte favorita, ya llevo diez quilitos pa mi body y me miraron la tripa. Para mi tranquilidad me dijeron que parecía que la nena ya estaba colocadita y no de culete como aparecía en la eco anterior.

Les comenté que desde hacía casi una semana estaba teniendo bastantes contracciones, aunque no dolorosas, o al menos más de las que creo que son normales. Les dije que el sábado se me habían ido descontrolando a lo largo del día y a última hora de la tarde era un no parar. Me preguntaron varias veces cómo que no había ido al hospital y les dije que la verdad, porqué finalmente con un bañito se me habían acabado pasando. Teniendo visita el lunes, no siendo contracciones de parto y con una niña de veinte meses recién acostada, pues en casa nos quedamos.

Y aquí empezó nuestra gymcana, me dijeron que aunque la eco la tuviera programada para las doce pasara ya directamente por allí y al acabarla una enfermera me pondría la vacuna del tétanos, difteria y tosferina. Antes tenía que pasar por el mostrador para que me dieran los volantes, el listado con la canastilla y me apuntaran a los cursos de preparación al parto que ofrecen. Me dijo que además, antes de marcharnos y aunque ese día ya no tuviera contracciones, me pasara por urgencias a que me echaran un vistazo.

Me he apuntado a tres cursos que son los que más me interesan: sofrología, que para quién no lo sepa es una técnica de relajación que recomiendan utilizar durante el parto, esferodinámica o cómo te puedes ayudar durante el trabajo de parto de una pelota y por último al de parto natural. También ofrecen una visita a las instalaciones y un curso de parto en el agua pero ésto último no lo veo ¡El agua para los peces!

Nuestra ecógrafa favorita, nuestra sexadora particular de bebés, se portó estupendamente como siempre y dejó estar a Monito durante toda la ecografía y ésta en agradecimiento se quedó calladita en su carrito, pese a que a veces nos miraba con cara de lleváis semanas contándome el rollo de que voy a ver a mi hermanita y en esa tele no se ve nada de nada ¿Esta tipa ha resintonizado su aparato?

La ecografía fue bien, todo correcto y pese a las contracciones, la bolsa estaba perfecta. Mi nena ya pesa 2,046Kg, ni mucho, ni poco, pero vamos que luego esto del peso ya depende de si le da por nacer en la semana treinta y ocho o en la cuarenta y dos. Nos confirmaron que definitivamente nuestra futura Abejita, ha dejado de estar sentada cual buda y ya se ha colocado lista y preparada para llegar a este mundo con la cabeza por delante para regocijo de la pelvis de su madre.

Ecografiada y vacunada nos fuimos a urgencias dónde comentamos el tema de las contracciones e insistieron en monitorizarme pese a que les dije que esa mañana sólo había tenido un par y hacía mucho rato. Como era de esperar no marqué ni una contracción, pero después del sábado tan movidito que había tenido me hicieron otra eco, esta vez transvaginal, para confirmar que el cuello del útero está como tiene que estar en la semana treinta y tres.

Y aquí acaba nuestra gymcana particular en la Maternitat, una vez salimos me fui a comprar un nada sexy camisón para la bolsa del hospital. El hecho de haber tenido contracciones me ha servido para darme cuenta que me he plantado en la semana treinta y tres sin haber preparado nada para mi pequeña abejita, casi todo lo vamos a aprovechar de su hermana pero ya es hora de empezar a lavar y preparar sus cositas

De médicos y otras historias

nurse-37322_640Aprovecho para escribir este post que tengo un ratito a media mañana fuera del trabajo. ¿Pero es que acaso me ha tocado el gordo, me he vuelto loca y pedido la cuenta? Pues no, o al menos no de momento, pero vamos, que si me toca no creo que me dé por sentarme a escribir sobre comadronas y vacunas, igual me pongo a buscar bikinis que vayan ideales con cuerpos abotijados y playas desiertas con maternidades cercanas.

En fin, que no, que estoy en casa porqué se supone que hoy tenía cita con la matrona a las nueve y diez de la mañana, pero al final se ha quedado en eso, en un suponer. Y mira que el papel lo ponía muy clarito: veintidós de diciembre, nueve y diez de la mañana.

Allí estaba yo tan pichi, a las nueve, con mi carpeta, con mi cartilla de embarazada y mi cara de que no se dé cuenta de que este último mes me he pasado con las berlinas de chocolate. En esto que pasa otra matrona y me pregunta si la estoy esperando, indico que no, que a su compañera Tina y me dice que qué raro porqué no llega hasta las once.

Pongo cara de póker mientras con una mano voy buscando la carpeta en el bolso y pensando ¡Ya está, ya la he liado con las fechas! Es que últimamente tengo la cabeza regular.  Yo voy buscando el papel con la cita y la matrona la hoja de visitas de Tina.

Me dice: lo ves, Mireia, tienes hora a las once y cincuenta. Ni corta ni perezosa le enseño mi papel y le respondo: lo ves, misma Mireia, nueve y diez. Si yo sé que tengo la cabeza fatal, por eso me apunto las citas en la agenda, archivo en la carpeta los justificantes, informo por mail a mis responsables del trabajo, repaso la agenda todas las semanas, reviso que haya enviado el mail a mis responsables. Confirmo las citas la noche antes, le recuerdo al padre de la criatura que me lo recuerde, le enseño la agenda, le hago confirmar que pone veintidós de diciembre a las nueve y diez, lo vuelvo a mirar por la mañana y antes de salir de casa.¡Leches, tengo la cabeza fatal pero tengo un método!¿Cómo he podido dudar ni por un momento que me hubiera equivocado?

En el mostrador me han confirmado el cambio de cita. Vamos a tomarnos un momento para dar un cálido y fuerte aplauso al personal administrativo del área de ginecología del CAP de cuyo nombre en estos momentos no me apetece acordarme. Parece ser que me llamaron para notificármelo a principios de diciembre, desde número oculto, no me localizaron y a mi marido tampoco. Por lo visto no creen en los buzones de voz y por eso se abstuvieron de dejar mensaje. Tampoco creen en intentarlo otro día a otra hora.

Bueno, el caso es que como me he tenido que volver a casa a esperar y parece que el gordo este año se hace de rogar pues os voy a contar un par de cosillas.

El lunes pasado me volvieron a repetir el test de O’Sullivan, poco más que decir, la verdad, ni punto de comparación pasar por el trago, nunca mejor dicho, en el segundo trimestre, que en el primero en plenas náuseas matutinas.

Fue llegar, beber la glucosa, presenciar la bronca de la enfermera a la pobre inocente que ya sea por el sueño, la falta de él o porqué su primera lengua es el chino mandarín y la segunda el chino cantonés, no se ha enterado bien del procedimiento y sentarse a esperar una horita a que llegara el pinchacito. ¿Soy la única que cuando le hacen esta prueba tiene que presenciar como bronquean a pobres embarazas?

Supongo que a las once y cincuenta si no hay más cambios de última hora, sabré el resultado. Ahora mismo ya no sé si prefiero que me toque el gordo o evitar que me tengan que hacer la curva larga. Bueno vale, el gordo, lo reconozco.

Monito también tuvo su visita médica la semana pasada, revisión de los dieciocho meses. Revisión y las temidas vacunas, malditas sean, a ver si ya acabamos con todas ellas. Consulté por la vacuna de la varicela pero me dijeron que de momento nada, de nada, que no hay. El cachondeo de las vacunas de la meningitis y la varicela da un poco de vergüencita.

Tras hacerme las típicas preguntas de qué tal come, de todo, qué tal camina, corre que se las pela, ¿habla? como una cotorra y alguna cosita más y sorprenderse de que todavía le diera alguna que otra toma de pecho, la pesó, la midió y sin más preámbulos le puso la vacuna correspondiente.

Monito ya puso cara de qué pretende esta rubia en cuanto la vio acercarse con la aguja, intentaría describir el berrinche que pilló a continuación pero para qué, si los que sois padres seguramente lo habéis vivido y los que todavía no ¿Acaso queréis que os hagan spoilers de la última de Star wars? Pues es lo mismo.

Estaréis de acuerdo conmigo en que no parece la mejor idea del mundo, ponerle una vacuna a una niña de dieciocho meses y luego llamar al pediatra para que acabe la revisión. Cuando ya parecía que iba a calmarse viene el pediatra y dice que la estire en la camilla para mirarle la boca, la espalda, la movilidad de las piernas y no sé qué cosas más, todas muy necesarias, pero yo ya no me enteré de nada con tanto llanto.

Ya sólo me dediqué a luchar con los brazos y piernas de mi hija como en los buenos tiempos de Hulk Hogan contra el Último guerrero y el pediatra se iba mosqueando poco o poco. Pero a ver, alma de cántaro, no es que quiera dármelas de entendida, que mis conocimientos de medicina se reducen a haber comentado en alguna clase de arte la lección de anatomía de Rembrandt, pero ¿no hubiera sido mejor dejar la vacuna para el final?

No puedo asegurar que le revisara todo lo que había que revisar o simplemente dejó a la niña por imposible, al final sólo entendí que estaba todo correcto, que al fin y al cabo es lo que toda madre quiere oir. Vestí a la niña como pude mientras ella llorando y a voz en grito se decía a sí misma no pasa nada, no pasa nada y otras cosas más que no acabé de entender. La enfermera sorprendida reconoció que tenía razón con lo de cotorra y pidió que le aclarara lo que decía. Le dije, ni idea, no habla conmigo, habla contigo a mi no me llama señora, me llama mami.

En fin, parece ser que me voy a tener que ir de nuevo a ver a la comadrona sin que haya salido el gordo, de todas maneras he leído que tenemos más posibilidades de que nos parta un rayo que de que nos toque la lotería, así que como se dice ¡Virgencita que me quede como estoy, sin diabetes y sin rayo!

¡Es una niña!

¡Ala! ¡Ya no hace falta que leáis la entrada! ¡Desvelado queda el misterio! Pues sí, confirmado, es una nena, otra fiera para esta casa de locos.

Hoy nos han hecho la ecografía morfológica y parece que todo marcha estupendamente, hemos podido ver en detalle todo su cuerpecito, sus manitas, sus piececitos que ya parecen de buen tamaño, su carita de perfil, con la nariz y los labios menos marcados que los tenía su hermana mayor, etc.

La nueva fiera, no lo ha puesto nada fácil, para empezar está colocada de nalgas, me han dicho que a estas alturas de embarazo eso no es relevante, se espera que llegado el momento se coloque en posición correcta. Al estar en posición podálica, verle bien la columna ha sido un poco complicado y la ecógrafa me ha acabado dando una paliza buena, con tanto golpe al final la beba ya iba como loca por su charca y no se ha prestado de buen grado al resto de las mediciones.

Por fin, nuestra ecógrafa de confianza, nuestra sexadora particular de bebés, sí es la misma chica que nos dijo que Monito era una nena, haciéndose un poquito la interesante nos ha confirmado eso que aquí la Mami, llevaba un tiempo sospechando, o deseando, vamos a tener otra niña.

IMAG1451_20151118195337092Como padres organizados que somos, antes de llegar a la puerta de la Maternidad ya teníamos decidido su nombre y la primera puesta. Su nombre nos lo guardamos, su primera puesta, la misma que llevó su hermana mayor y que yo ya tenía limpita y preparada a la espera de que mi ecógrafa favorita me certificara mi segunda beba.

Mañana toca visita a la comadrona, terror, intriga y dolor de barriga, me parece que no le va a gustar lo que vea en la báscula, pero no lo puedo evitar, siempre he sido una tragaldabas y ahora no puedo llevar la misma actividad que llevaba hace un tiempo, en fin, deseadme suerte.

Semana veinte, el ecuador del embarazo

Llegamos a la semana veinte de embarazo con cuatro quilos más y las náuseas abandonándome lentamente, en general me encuentro estupenda y aunque queda feo que yo lo diga, guapísima. Si queréis una opinión más empírica, preguntarle a mi marido, o a mi madre, o mejor, os fiáis y ya está. Bueno, esperad, esta vez os pongo una foto ¡va!

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Ando un poco más cansada de lo normal pero al menos las náuseas ahora son puntuales y he dejado de sentirme todo el día como si estuviera viviendo el hundimiento del Titanic después de haberme pegado un atracón de marisco del que ya huele fuertecito.

Aparte de la panchota que va creciendo a pasos agigantados desde hace un par de semanas, no hay ningún cambio físico más a destacar, en este embarazo todo huele como tiene que oler y sabe como tiene que saber. Quizás si que tengo el olfato un poco más sensible pero no como en el embarazo de Monito que me sentía como un sabueso, capaz de detectar un  pedete desde la otra punta de un vagón de metro.

Al tener ya un buen tamaño de tripa mantengo las estrías a raya mezclando la crema Trofolastín con aceite de almendras, igual a la farmacéutica le parece regular que mezcle su producto con aceite pero a mi me funcionó en el primer embarazo, sólo me quedó de recuerdo una estría muy pequeñita en un lado de la cadera. Sólo advierto a las embarazadas que sí tienen el olfato sensible que el olor que resulta de mezclar Trofolastín, por mucho que pongan lo de olor mejorado en el envase, más aceite de almendras se asemeja bastante al compost para plantas, no recomendable si acabas de desayunar, a no ser que quieras ver tus vitaminas prenatales yéndose por el wc.

En cuanto al bebé, es cierto que empecé a notar su presencia en forma de pequeños toquecitos desde la semana quince, pero hasta la semana diecinueve no se ha prodigado mucho, lo cual me llevó a decirle a Papá Monito que estaba convencida de que es un niño, un niño gordote y perezoso. Cosas mías.

Pero eso ha cambiado desde la semana diecinueve, cada vez noto más su gancho de derechas, o su zurda, o su triple carpado en líquido amniótico. Sus coreografías van in crescendo, sobretodo por la noche, cuando me tumbo en la cama a descansar. Igual que hacía su hermana mayor, en cuanto yo me relajo ellos se activan como diciendo: venga mami, méceme un poquito más.

Anoche ya se podían notar claramente las patadas poniendo la mano encima de mi tripa, con tan mala suerte que la exhibición nocturna me pilló a mi en la cama con Monito durmiéndose en la tetita y a Papá Monito fregando platos en la cocina. Esta noche al Papi no se le escapa seguro.

Mañana toca la eco morfológica, que por la seguridad social se hace en la semana veinte. Os contaré si todo sigue perfectamente y esperamos poder desvelar por fin si Monito va a tener un hermanito o una hermanita. Sobre esto hay varias apuestas, total, opinar es gratis y hay un cincuenta por ciento de posibilidades de acierto.

Yo creo que va a ser otra niña, el Papi, aunque no lo reconozca, en el fondo prefiere un nene para no encontrarse en minoría. Sea lo que sea, a partir de mañana se abre la veda para ponerle nombre ¡Que gane el mejor! o ¡Qué leches, aquí se hace lo que diga la Mami! Sigue leyendo