De médicos y otras historias

nurse-37322_640Aprovecho para escribir este post que tengo un ratito a media mañana fuera del trabajo. ¿Pero es que acaso me ha tocado el gordo, me he vuelto loca y pedido la cuenta? Pues no, o al menos no de momento, pero vamos, que si me toca no creo que me dé por sentarme a escribir sobre comadronas y vacunas, igual me pongo a buscar bikinis que vayan ideales con cuerpos abotijados y playas desiertas con maternidades cercanas.

En fin, que no, que estoy en casa porqué se supone que hoy tenía cita con la matrona a las nueve y diez de la mañana, pero al final se ha quedado en eso, en un suponer. Y mira que el papel lo ponía muy clarito: veintidós de diciembre, nueve y diez de la mañana.

Allí estaba yo tan pichi, a las nueve, con mi carpeta, con mi cartilla de embarazada y mi cara de que no se dé cuenta de que este último mes me he pasado con las berlinas de chocolate. En esto que pasa otra matrona y me pregunta si la estoy esperando, indico que no, que a su compañera Tina y me dice que qué raro porqué no llega hasta las once.

Pongo cara de póker mientras con una mano voy buscando la carpeta en el bolso y pensando ¡Ya está, ya la he liado con las fechas! Es que últimamente tengo la cabeza regular.  Yo voy buscando el papel con la cita y la matrona la hoja de visitas de Tina.

Me dice: lo ves, Mireia, tienes hora a las once y cincuenta. Ni corta ni perezosa le enseño mi papel y le respondo: lo ves, misma Mireia, nueve y diez. Si yo sé que tengo la cabeza fatal, por eso me apunto las citas en la agenda, archivo en la carpeta los justificantes, informo por mail a mis responsables del trabajo, repaso la agenda todas las semanas, reviso que haya enviado el mail a mis responsables. Confirmo las citas la noche antes, le recuerdo al padre de la criatura que me lo recuerde, le enseño la agenda, le hago confirmar que pone veintidós de diciembre a las nueve y diez, lo vuelvo a mirar por la mañana y antes de salir de casa.¡Leches, tengo la cabeza fatal pero tengo un método!¿Cómo he podido dudar ni por un momento que me hubiera equivocado?

En el mostrador me han confirmado el cambio de cita. Vamos a tomarnos un momento para dar un cálido y fuerte aplauso al personal administrativo del área de ginecología del CAP de cuyo nombre en estos momentos no me apetece acordarme. Parece ser que me llamaron para notificármelo a principios de diciembre, desde número oculto, no me localizaron y a mi marido tampoco. Por lo visto no creen en los buzones de voz y por eso se abstuvieron de dejar mensaje. Tampoco creen en intentarlo otro día a otra hora.

Bueno, el caso es que como me he tenido que volver a casa a esperar y parece que el gordo este año se hace de rogar pues os voy a contar un par de cosillas.

El lunes pasado me volvieron a repetir el test de O’Sullivan, poco más que decir, la verdad, ni punto de comparación pasar por el trago, nunca mejor dicho, en el segundo trimestre, que en el primero en plenas náuseas matutinas.

Fue llegar, beber la glucosa, presenciar la bronca de la enfermera a la pobre inocente que ya sea por el sueño, la falta de él o porqué su primera lengua es el chino mandarín y la segunda el chino cantonés, no se ha enterado bien del procedimiento y sentarse a esperar una horita a que llegara el pinchacito. ¿Soy la única que cuando le hacen esta prueba tiene que presenciar como bronquean a pobres embarazas?

Supongo que a las once y cincuenta si no hay más cambios de última hora, sabré el resultado. Ahora mismo ya no sé si prefiero que me toque el gordo o evitar que me tengan que hacer la curva larga. Bueno vale, el gordo, lo reconozco.

Monito también tuvo su visita médica la semana pasada, revisión de los dieciocho meses. Revisión y las temidas vacunas, malditas sean, a ver si ya acabamos con todas ellas. Consulté por la vacuna de la varicela pero me dijeron que de momento nada, de nada, que no hay. El cachondeo de las vacunas de la meningitis y la varicela da un poco de vergüencita.

Tras hacerme las típicas preguntas de qué tal come, de todo, qué tal camina, corre que se las pela, ¿habla? como una cotorra y alguna cosita más y sorprenderse de que todavía le diera alguna que otra toma de pecho, la pesó, la midió y sin más preámbulos le puso la vacuna correspondiente.

Monito ya puso cara de qué pretende esta rubia en cuanto la vio acercarse con la aguja, intentaría describir el berrinche que pilló a continuación pero para qué, si los que sois padres seguramente lo habéis vivido y los que todavía no ¿Acaso queréis que os hagan spoilers de la última de Star wars? Pues es lo mismo.

Estaréis de acuerdo conmigo en que no parece la mejor idea del mundo, ponerle una vacuna a una niña de dieciocho meses y luego llamar al pediatra para que acabe la revisión. Cuando ya parecía que iba a calmarse viene el pediatra y dice que la estire en la camilla para mirarle la boca, la espalda, la movilidad de las piernas y no sé qué cosas más, todas muy necesarias, pero yo ya no me enteré de nada con tanto llanto.

Ya sólo me dediqué a luchar con los brazos y piernas de mi hija como en los buenos tiempos de Hulk Hogan contra el Último guerrero y el pediatra se iba mosqueando poco o poco. Pero a ver, alma de cántaro, no es que quiera dármelas de entendida, que mis conocimientos de medicina se reducen a haber comentado en alguna clase de arte la lección de anatomía de Rembrandt, pero ¿no hubiera sido mejor dejar la vacuna para el final?

No puedo asegurar que le revisara todo lo que había que revisar o simplemente dejó a la niña por imposible, al final sólo entendí que estaba todo correcto, que al fin y al cabo es lo que toda madre quiere oir. Vestí a la niña como pude mientras ella llorando y a voz en grito se decía a sí misma no pasa nada, no pasa nada y otras cosas más que no acabé de entender. La enfermera sorprendida reconoció que tenía razón con lo de cotorra y pidió que le aclarara lo que decía. Le dije, ni idea, no habla conmigo, habla contigo a mi no me llama señora, me llama mami.

En fin, parece ser que me voy a tener que ir de nuevo a ver a la comadrona sin que haya salido el gordo, de todas maneras he leído que tenemos más posibilidades de que nos parta un rayo que de que nos toque la lotería, así que como se dice ¡Virgencita que me quede como estoy, sin diabetes y sin rayo!

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9 comentarios en “De médicos y otras historias

  1. Eso sí que es eficacia para comunicar los cambios de cita. Olé que sí (aplaudo)… Ainsss… qué desastre de organización.

    Me ha encantado leer que Monito es como mi pichón: cuando vamos a la consulta no entendemos la mitad de la cosas que nos dice porque con los gritos/llantos no escuchamos bien. Salimos con cara de póker y nos quedamos con que todo está bien.

    Y de cuántas semanas estás ya? Ya vas por el segundo trimestre? Jopeeee… cómo pasa el tiempo, maaadre!

    Un abrazo y felices fiestas 🙂

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  2. Qué sistema tan eficaz para avisar del cambio de hora en las citas, eh? Vamos, vamos…. tecnología y eficacia puntera. Un apaluso para ellos (modo ironía ON). Qué poca formalidad. En fin, ya nos contarás cuando puedas ver a la matrona.

    Por otra parte, me encanta ver que Monito es del estilo de mi pichón: berreo non-stop. Creo que mi hijo ODIA profundamente a su pediatra. Pobre mío, que le ve y se le llenan los ojitos de lágrimas. Aunque lo de Monito fue por la vacuna. Vaya luces eso de ponérsela de primeras.
    Poco a poco se irán concienciando de que no es tan terrible.

    Bueno, ya que estamos aprovecho para felicitarte las fiestas y que las disfrutes con tu family.

    Besos!

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    • Ya ves, al final conseguí que me visitara y todo perfecto, aunque este mes se me ha ido un poco la mano con el peso y no lo entiendo, con los paseítos que me di ayer de casa a la matrona, de la matrona a casa y vuelta a empezar.
      Que pases unas felices fiestas. Un beso!

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